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Bicentenario, un análisis macroeconómico

Tras periodos de marcados altibajos, la economía colombiana parece estar en un buen momento pero con un futuro mejor. El alto endeudamiento y el déficit fiscal son la gran amenaza.

Por Ramón Javier Mesa Callejas y Mauricio López González
Ramón Javier es Docente Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, decano Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia. Mauricio es Coordinador Grupo de Macroeconomía Aplicada de la Universidad de Antioquia.


Fotografía: archivo particular.

Inflación de un solo dígito

Este ha sido el principal logro en política económica de los últimos años, gracias al manejo independiente que la Junta Directiva del Banco de la República ha dado a la política monetaria del país.

En el contexto latinoamericano, la economía colombiana ha sido tradicionalmente una de las que mayor estabilidad macroeconómica han presentado. Pese a contar con tasas relativamente bajas de ahorro e inversión, se ha logrado consolidar un crecimiento económico aceptable, al tiempo que se ha controlado la inflación y se ha consagrado un ambiente sumamente favorable para la inversión extranjera. No obstante, la tasa de desempleo continúa siendo muy alta y los problemas fiscales no dan tregua, materializados en el permanente déficit fiscal y un elevado endeudamiento público.

La infraestructura pública: El gobierno nacional tiene el reto de fortalecer la infraestructura del país, para darle mayor competitividad a la economía e impulsar las exportaciones. Foto Mintransporte.

Este desempeño económico se ha visto acompañado de una serie de medidas o políticas públicas sobre las cuales ha sido posible construir los cimientos para un crecimiento sostenible. En tal sentido, han resultado cruciales medidas como la independencia del Banco Central, las políticas promocionales de inversión, el fortalecimiento del sector exportador y el respaldo empresarial en la búsqueda de mayores niveles de competitividad, entre otras. El proceso de fortalecimiento y actualización de nuestro marco normativo no ha finalizado. Aún nos quedan por resolver los problemas del sector agropecuario, quizá mediante una gran reforma agrícola; los problemas fiscales, que esperamos se alivianen con la regla fiscal; el alto desempleo; la permanente revaluación, y la consolidación de la infraestructura pública necesaria para mejorar la competitividad de nuestras empresas.

Así, estas notas tienen por objeto identificar los principales logros alcanzados por la economía colombiana en los últimos años, al tiempo que se plantean algunos escenarios sobre el desempeño futuro. Para alcanzar este objetivo, el artículo se divide en dos partes, adicionales a esta introducción. En la primera se realiza un análisis de la evolución macroeconómica colombiana en la última década, y se describen los principales hechos asociados con el crecimiento, la inflación y el desempleo. En la segunda parte se describen los principales retos que ha de enfrentar la economía colombiana en los próximos años y se proponen algunos escenarios sobre su comportamiento.

1. En dónde estamos: una síntesis de la evolución macroeconómica de la última década

Un peso fuerte, un dólar débil: El fuerte proceso de revaluación del peso iniciado en 2004 ha afectado el sector productivo colombiano, especialmente en las regiones exportadoras. Foto Karen Salamanca.

Considerando los principales hechos de la macroeconomía colombiana de los últimos años, el cierre de la primera década del siglo XXI muestra dos contrastes generalizados en el desempeño económico de este periodo. Por un lado, después de crecer a una tasa promedio del 5,5 por ciento real en la etapa denominada de auge entre 2003 y 2007, la economía nacional registró al final de la década un ritmo de crecimiento promedio del orden de 1,7 por ciento en el periodo 2008-2009, como resultado de la fuerte crisis que caracterizó la economía mundial a consecuencia del desplome del mercado financiero en Estados Unidos. Al igual que el conjunto de economías en desarrollo del planeta, los efectos de la crisis externa en el país se reflejaron en la profunda contracción de la demanda externa-interna y en la caída de la producción de los sectores productivos, especialmente industria y comercio, lo cual marcó el descenso de cerca de 4 puntos del PIB doméstico de los dos recientes años. Siendo este desempeño el peor de la década, no alcanzó a igualar el resultado de 1999, cuando la economía registró en algunos trimestres tasas de crecimiento negativas que bordearon el 8 por ciento (Gráfico 1).

Pese a la desaceleración en el ritmo de crecimiento económico de los dos últimos años, impulsada por los impactos adversos de la crisis mundial y dada la vocación minero-energética que ha caracterizado el modelo de desarrollo colombiano, fortalecido por las exportaciones de commodities (petróleo, carbón y café, inclusive con decadencia en este último), las principales fuentes que orientaron el desempeño positivo de la economía en el periodo de auge tuvieron como protagonistas principales a factores ligados al comportamiento de la demanda asociados con el incremento de los ritmos de inversión productiva y el favorable entorno internacional. Frente a lo anterior, el crecimiento de la formación bruta de capital fijo había registrado durante los años de auge un ritmo promedio del 16 por ciento anual, mientras que en el denominado periodo de crisis estos niveles no alcanzaron el 1 por ciento de crecimiento anual (Anif; 2010). A pesar de este descenso, para 2009 la inversión como porcentaje del PIB representaba el 25 por ciento mientras en 2002 solo alcanzaba el 16 por ciento del PIB. De igual forma, el PIB per cápita se duplicó en Colombia en estos años, al pasar de 2.299 dólares en 2002 a 5.293 dólares en 2009.

Gráfico 1. Crecimiento trimestral del PIB 1998-2009.

Por otro lado, el sector exportador colombiano sacó provecho de la expansión de la demanda externa en la previa de la crisis y pese a la caída del PIB mundial como consecuencia del desarrollo de esta y el fuerte proceso de revaluación del peso que se viene observando desde 2004, ha contribuido activamente al crecimiento en esta década tanto del lado de la oferta como de la demanda, especialmente por el aumento de las exportaciones no tradicionales, que en 2002 ascendían a 6.629 millones de dólares y en 2009 alcanzaban un valor de 14.900 millones de dólares; por su parte, las exportaciones totales entre estos años crecieron en 174,3 por ciento y las importaciones, 159,3 por ciento.

De otra parte, la inestabilidad en el crecimiento económico contrasta con la evolución de la tasa de inflación, que durante esta década ha transitado por niveles de un dígito alcanzando un promedio para estos últimos 10 años de 6 por ciento anual, muy por debajo de la inflación promedio de los años 90, cuyo nivel ascendía a 21,3 por ciento. Este es, quizá, el principal logro de la política económica colombiana de las últimas cuatro décadas fundamentado en la independencia constitucional que alcanzó el Banco de la República a partir de 1992 con la creación de su Junta Directiva y en el cambio de orientación de la política monetaria desde el año 2000 basado en el esquema de inflación objetivo. Como consecuencia de lo anterior y fruto de la caída en la demanda interna en 2009, en materia de estabilidad de precios, hoy el país registra niveles de inflación similares a los de países industrializados, por debajo del 3 por ciento, que lo ubican dentro del rango definido por el Banco de la República como meta de inflación de largo plazo equivalente a un intervalo entre 2 por ciento y 4 por ciento. Este resultado permite seguir manteniendo bajos niveles de tasas de interés que contribuyen a la reactivación del crédito como soporte para la recuperación del consumo y la inversión productiva.

Las exenciones al capital mediante las últimas reformas tributarias mejoraron el equipamiento industrial en detrimento de la generación
de empleo.

Puerto de la zona franca en Cartagena: Para promover el comercio
internacional y el desarrollo industrial, las zonas francas cuentan con incentivos aduaneros, cambiarios y tributarios. Foto Alfonso Reina.


En cuanto al comportamiento del mercado laboral, la evolución de sus principales indicadores en la última década nos deja algunos interrogantes sobre los impactos reales del crecimiento económico observado en el periodo 2003-2007, en el desempeño de la ocupación y el desempleo. Fenómenos asociados con la inestabilidad en el ritmo de crecimiento del PIB y la productividad, la inflexibilidad laboral a cuenta de las elevadas cargas parafiscales sobre las firmas, la revaluación real de la moneda local y los beneficios de las reformas tributarias de la década que premiaron los descuentos en impuestos por la inversión en maquinaria y equipos (demasiadas exenciones al capital) en detrimento de la generación de empleo; han sido algunas de las causas que limitaron la posibilidad de reducir a niveles de un dígito la tasa de desempleo y de impulsar, de manera permanente, aumentos importantes en los volúmenes de ocupación en estos años de auge económico3. Por su parte, en el periodo de la desaceleración denominado poscrisis internacional, el desempleo se disparó a niveles del 12 por ciento en 2009, mientras la tasa de ocupación se mantuvo en el promedio anual del 52,9 por ciento. A este comportamiento se suman las preocupaciones derivadas de la calidad del empleo a partir del problema de la informalidad y el subempleo, situación en la que se encuentran más de la mitad de los colombianos ocupados, y que ha tenido serias implicaciones en materia de seguridad social y en la generación de empleo formal y de buena calidad, sobre todo de los trabajadores sin educación superior. En resumen, junto a los fenómenos arriba citados, los mayores costos laborales por los elevados impuestos al trabajo y los altos incentivos que hoy día tiene el capital privado en el país, como problemas estructurales del mercado laboral colombiano, vienen fomentando la debilidad del crecimiento del empleo y mantienen concentrados en niveles que bordean el 12 por ciento – 13 por ciento la tasa de desempleo que en la actualidad no afectan la inflación.

El oro negro: Para evitar los efectos de la revaluación, por la bonanza de los productos minero energéticos, el gobierno debe controlar su gasto, disminuir la deuda pública y aumentar el ahorro de la Nación. Foto Juan Carlos Sierra-Revista Semana.

A manera de síntesis, la evolución macroeconómica de esta década muestra importantes logros en materia de reducción significativa de la inflación, en un escenario caracterizado por la inestabilidad del crecimiento económico, el cual ha dependido significativamente de las fluctuaciones de la demanda interna y del comportamiento de la demanda externa. En medio de este panorama, se destaca el dinamismo que ha alcanzado el sector externo colombiano a partir del incremento de los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED), los ingresos del petróleo y el crecimiento de las remesas. Ello no solo ha permitido fortalecer la tasa de cambio y generar un crecimiento apreciable de las reservas internacionales4, sino también financiar el déficit en cuenta corriente que en el periodo 2003-2009 alcanzó un nivel de equilibrio cuyo valor promedio fue del orden de 1,4 por ciento del PIB. Este resultado se puede considerar como un logro en materia de estabilidad macroeconómica, dado que su nivel está financiado adecuadamente por flujos de capital de naturaleza productiva equivalentes a la IED (Gráfico 2).

Finalmente, en esta presentación de donde estamos, no podíamos dejar de mencionar algunos de los principales problemas de índole macroeconómico que ha venido enfrentando la economía colombiana en esta década, y que sin lugar a dudas se convierten en los retos que a nuestro juicio deberá enfrentar el país en los próximos años. Los problemas de las finanzas públicas ocupan la primera plana de las preocupaciones, especialmente por los niveles que ha registrado el déficit fiscal total del Gobierno Nacional Central (GNC), que durante los años de auge alcanzó un nivel promedio de 4 por ciento del PIB. La implementación de una política fiscal contracíclica para enfrentar la crisis externa, la inestabilidad de los recaudos por la volatilidad del crecimiento y las dificultades que viene arrastrando el sistema de seguridad social en salud y pensiones, motivado en parte por el deterioro del empleo formal y el crecimiento de la informalidad en todo el territorio nacional, vienen prendiendo las alarmas sobre la sostenibilidad fiscal en el país 5. En ese sentido, hay que señalar que los efectos de esta situación se reflejan en el crecimiento del endeudamiento público y su impacto desfavorable sobre el comportamiento de la tasa de cambio real y nominal a raíz de la mayor entrada de capitales para financiar el volumen de gasto.

Gráfico 2. Déficit en cuenta corriente vs. Inversión extranjera directa como porcentaje del PIB: 2000-2009.

Otra de las dificultades ha girado en torno al fuerte proceso de revaluación del peso que se viene registrando desde 2004, pero de manera especial en los años de la crisis. Sin duda el efecto neto de la revaluación (sumando costos y beneficios) en este periodo fue desfavorable para el sector productivo colombiano y contribuyó a la desaceleración del crecimiento y al deterioro de los indicadores del mercado laboral en regiones tradicionalmente exportadoras. Así mismo, junto al tema de la competencia, la caída en el precio del dólar ha representado una de las mayores dificultades que han enfrentado los empresarios colombianos en la búsqueda de nuevos mercados a nivel mundial.

Por último, en el ámbito de las relaciones internacionales, los últimos años de esta década han mostrado un panorama muy complejo en las relaciones con las economías vecinas, con un deterioro bastante notable en el comercio binacional, especialmente en lo que concierne a Venezuela, con efectos adversos sobre el desempeño de la economía en su conjunto.

2. Hacia dónde vamos: perspectivas de crecimiento en los próximos años

Sin lugar a dudas, el comportamiento futuro de la economía colombiana estará determinado por la forma en como evolucionen una serie de variables y sectores económicos claves como el minero, la industria y el agropecuario; el fortalecimiento de la infraestructura pública y el sector exportador, el ajuste de las finanzas del Estado, la mayor atracción de IED, el fortalecimiento de las instituciones públicas (en particular aquellas que intervienen directa e indirectamente en procesos económicos), y, en general, por la estabilidad macroeconómica.

En materia de crecimiento económico, las estimaciones de los organismos gubernamentales dan cuenta de un crecimiento promedio del 4 por ciento en los próximos 10 años, en tanto que organizaciones como la (Andi) Asociación Nacional de Empresarios de Colombia– estiman que el crecimiento competitivo para el país, en los próximos 10 años, deberá estar alrededor del 6 por ciento en promedio anual, es decir, 2 puntos por encima del crecimiento económico esperado.

Gracias al aumento de los ingresos petroleros y al crecimiento de las remesas, las reservas internacionales crecieron de 10.807 millones de dólares en 2002, a 25.285 millones de dólares en 2009.

Foto Ecopetrol.

De acuerdo con nuestras estimaciones, bajo un escenario optimista, el crecimiento promedio de la economía en los próximos años bordeará el 5,3 por ciento, bajo el supuesto de que las mayores inversiones mineras logren impulsarlo y exista una mayor dinámica de otros sectores económicos complementarios a nivel de infraestructura, transporte y comunicaciones, junto con el impulso de algunos servicios como software, salud y turismo.

Adicionalmente, se requiere la consolidación de reformas estructurales que permitan la moderación del gasto en salud, pensiones, transferencias y regalías, y se implemente la regla fiscal. De igual importancia, al restablecer las relaciones con los países vecinos y fortalecer la infraestructura pública, deberíamos esperar un impacto significativo y positivo sobre el sector exportador. Cabe anotar que dada la sensibilidad de nuestras exportaciones a la dinámica internacional, la coyuntura por la cual atraviese la economía mundial será un determinante fundamental del comportamiento de la demanda agregada en los próximos años.

En términos generales, la estrategia de promover el desarrollo del sector exportador debe implicar modificaciones importantes en la estructura productiva colombiana, tanto a nivel de cambios en la productividad multifactorial de las industrias líderes que van a impulsar el crecimiento del sector, como en el mejoramiento de los sistemas de vías de comunicación y de algunos costos laborales (por ejemplo, los parafiscales) que permitan no solo una disminución importante en los costos de operación, sino también ganancias en competitividad para las empresas exportadoras. De igual forma, se exige una combinación de políticas macroeconómicas que logren compatibilizar los objetivos antiinflacionarios con el mejoramiento de los niveles de competitividad-precio y costo de nuestros productos en los mercados mundiales. Para ello, resulta demasiado importante conservar uno de los activos más importantes de la política monetaria colombiana de este nuevo siglo, como lo es mantener la tasa de inflación en el rango establecido como de largo plazo (2 por ciento – 4 por ciento) para contribuir a lograr aumentos sostenidos de la tasa de cambio real y, con ello, disminuir la dependencia de la competitividad-precio de los productos colombianos en los mercados mundiales a la devaluación nominal del peso.

La experiencia internacional avala este hecho. Ciertamente, la evidencia empírica indica que en los países en los cuales se han desarrollado exitosamente estrategias de fortalecimiento del sector exportador, uno de los resultados ha sido el incremento del producto per cápita6. Recordemos que las exportaciones son un componente fundamental de la demanda agregada y por tanto de la producción, de forma tal que los aumentos de estas también repercuten positivamente en el PIB7.Consistente con el desarrollo del sector exportador se encuentra la estrategia de apoyo y fortalecimiento empresarial. Efectivamente, las metas propuestas en materia de competitividad y crecimiento de las exportaciones han de articularse con un plan que procure el impulso de las micro, pequeñas y medianas empresas, las cuales han de servir como eje articulador del aparato productivo nacional. Sin duda, el éxito exportador de las pequeñas y medianas unidades productivas pasa por elevar sus niveles de exigencia en cuanto a calidad y gestión, donde los componentes que mayor aportan a la consolidación de los mercados foráneos están asociados con la continuidad exportadora, el conocimiento de los mercados de destino, la diversificación de mercados y el dinamismo exportador.

En un escenario pesimista, en el cual no se logren consolidar estos procesos o su aplicación resulte en forma parcial y la economía enfrente un choque externo de naturaleza desfavorable como el registrado a finales de la década pasada, la inestabilidad del crecimiento sería la constante alcanzando en promedio una tasa cercana al 3,8 por ciento en la siguiente década. Nótese que este crecimiento es muy similar al presentado en el periodo 2000-20098, en el cual la economía aumentó a una tasa similar y la hemos definido como pesimista para denotar el hecho de que la bonanza minera no arrojaría los resultados positivos que se esperan.

En ambos casos, es decir el escenario optimista y el pesimista, las reducciones de la tasa de desempleo no alcanzarán los niveles deseados, cercanos al 8 por ciento.

De acuerdo con nuestros cálculos, en el mejor de los casos la tasa de desempleo fluctuaría alrededor del 9 por ciento, en tanto que en el escenario pesimista el desempleo continuaría en dos dígitos. De otro lado, estas reducciones demandan la puesta en funcionamiento de reformas laborales que intenten disminuir la informalidad, mejoren las condiciones de los trabajadores, faciliten la incorporación de nuevos trabajadores al mercado laboral y se reduzcan los costos para las empresas.

De otro lado, como se ha mencionado anteriormente, la inflación ha sido quizá el principal logro alcanzado en materia económica en las últimas décadas. Tanto el manejo de la política monetaria como la fuerte caída de la demanda agregada contribuyeron a los buenos resultados en materia inflacionaria de los dos últimos años. En consecuencia, la siguiente década continuará recogiendo los frutos cosechados hasta ahora en esta materia, de forma tal que para el periodo comprendido entre 2010 y 2020 se espera que la inflación fluctúe entre el 2 por ciento y 4 por ciento anual.

En cuanto a la tasa de cambio, las perspectivas no son tan favorables como en el caso de la inflación. La fuerte revaluación del peso y la entrada masiva de divisas que se esperan para los próximos años, derivada de la mayor explotación minera, definitivamente no permitirán la devaluación de la moneda, tan esperada por los exportadores. No obstante, el proceso revaluacionista logrará controlarse si el país, en particular las autoridades económicas, ponen en marcha la denominada regla fiscal, a través de la cual será posible neutralizar los efectos de la, enfermedad holandesa, en caso de que esta llegase a presentarse, al tiempo que le permitirá al gobierno colombiano controlar los gastos, disminuir la deuda pública y contar con un cúmulo de ingresos que soporten mayores niveles de ahorro público.

Gráfico 3. PIB colombiano (2000-2020)

En suma, la nuestra es una visión bastante positiva para la economía colombiana en los próximos 10 años. Esta mirada se soporta en los resultados alcanzados hasta ahora y en la esperanza de que las medidas propuestas, como la regla fiscal, logren corregir algunos de los desequilibrios que ha debido soportar la economía colombiana en los últimos años. Adicionalmente, esperamos se logren romper algunos hechos estilizados, como lo es, por ejemplo, el lento tránsito que tiene nuestra economía para regresar a su senda de crecimiento de pleno empleo o potencial como la observada en el periodo 2003-2007, una vez se ha presentado una crisis económica, y la inestabilidad o alta volatilidad del crecimiento económico.

Referencias bibliográficas

– ANDI (2010). Asamblea Seccional. Conferencia, julio de 2010.
– ANIF (2010). Crecimiento Económico 2008-2010: ¿Qué nos dice el modelo de capital incremental? Informe semanal. N.° 1009 de enero 25.
– Comité Técnico Interinstitucional (2010). Regla Fiscal para Colombia. Documento elaborado por el Banco de la República, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público y el Departamento Nacional de Planeación. Bogotá, D.C., 7 de julio de 2010.
– DANE (2010). Estadísticas de producción. (Cuentas Nacionales trimestrales). Disponible en: http://www.dane.gov.co/daneweb_V09/
index.php?option=com_content&view=article&id=128&Itemid=85. Consultado el 14 de julio de 2010.
– Dollar, David & Kraay, Aart (2001). ‘Trade, Growth, and Poverty’. Working Paper N.° 2615, World Bank, Washington.
– Frankel, Jeffrey & Romer, David (1999). ‘Does Trade Cause Growth?’. American Economic Review, vol. 89, N.° 3, pp. 379-399.
– Mesa, Ramón Javier y López, Mauricio (2006). ‘Reflexiones a propósito de la estrategia de crecimiento económico en Colombia 2019’. En: Perfil de Coyuntura Económica, N.° 7, Universidad de Antioquia.

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