• Inicio
  • De criollos y chapetones

De criollos y chapetones

El 20 de Julio de 1810 marcó el comienzo de la Independencia y de la mal llamada Patria Boba. un viaje a ese día que partió nuestra historia.

Por Editorial
Bicentenario


Fotografía: Retrato de José María Carbonell. Fotografía sobre papel siglo XX. Anónimo. Colección del Museo de la Independencia, Casa del Florero Ministerio de Cultura de Colombia.

JOSÉ MARÍA CARBONElL

El ‘chispero de la revolución’ fue llamado el prócer José María Carbonell, no solo por su activismo para movilizar al pueblo el 20 de Julio, sino por su oratoria y fuerza para luchar por las ideas de la Independencia. Fue ahorcado por los españoles el 19 de junio de 1816 en la Huerta de Jaime (Plaza de Los Mártires), en Bogotá.

Don José González Llorente salió de la cárcel en la que estuvo recluido durante cinco meses desde el 20 de julio de 1810. En la ciudad todavía hay huellas de los destrozos de ese día. Los españoles peninsulares, o chapetones, que antes paseaban tranquilos por las calles de la ciudad, apenas se atrevían a salir de sus casas y eran sus criados quienes debían atender sus asuntos.

José González Llorente, comerciante de Cádiz (España), casado con una criolla, poseía un próspero almacén en la plaza mayor, era apreciado en Santafé como hombre generoso y bonachón, y nunca pensó que el 20 de julio pondría fin a su tranquila y holgada existencia.

Si bien lo acusaban de haber insultado con palabras soeces a los criollos, dado su buen carácter esto era poco probable. Según su versión, nunca se negó a prestar el florero para adornar el banquete en honor del comisionado regio, el criollo quiteño don Antonio Villavicencio. Villavicencio venía de Cartagena, en donde había apoyado la creación de una Junta de Gobierno. Estaba dispuesto también a apoyar una Junta en Santafé, con la condición de que esta reconociera al nuevo Consejo de Regencia establecido en España en 1810 como el legítimo representante de la monarquía española.

La Conspiración: El enfrentamiento entre José González Llorente con José Acevedo por un florero habría hecho parte de un plan de criollos ilustres para generar una revuelta popular. Cuadro de la Reyerta del 20 de Julio. Pedro Alcántara Quijano. Óleo sobre tela. Ca. 1940. Museo de la Independencia, Casa del Florero Ministerio de Cultura de Colombia.

Tal como estaba planeado, los criollos Antonio Morales, acompañado de sus hijos y de José Acevedo y Gómez, ante la multitud, afirmaron que Llorente había insultado a los criollos y que con furia había dicho que “se cagaba en Villavicencio y todos los americanos”. El pueblo se enardeció, pues también se había propagado el rumor de que se avecinaba una “revolución de los chapetones” que acabaría con los criollos. El grito del pueblo era contra los chapetones. Los Morales, armados con palos, le propinaron una paliza a Llorente que, de no haberse escondido en la casa de don Lorenzo Marroquín, habría muerto apaleado.

Más adelante el tumulto popular lo persiguió hasta su casa. Con dificultad, Llorente logró entrar a la vivienda en donde su alarmada familia lo esperaba; según él, su mujer, recién parida, entró en pánico al ver cómo una turba del populacho se agolpó en las afueras de la edificación empuñando todo tipo de armas. Continuos ataques con piedras a las ventanas y a la fachada hicieron temer lo peor. Cuando las puertas estaban a punto de caer, llegó el alcalde, don José Miguel Pey, con la misión de disipar la revuelta del pueblo. Sin embargo la turba exigía que se pusiera a Llorente preso. Así, con dudosas acusaciones, se inició el proceso contra González Llorente que lo condenó a vivir cinco meses en las mazmorras de la cárcel y a ser el antipático chapetón de la historia.

Muchas dudas
El famoso florero de Llorente, sobre el que hay serias dudas de su autenticidad, fue donado por el pintor Epifanio Garay en 1882 al Museo Nacional.

Un día especial

El 20 de Julio se constituyó en la efemérides que simboliza la Independecia, pues a diferencia de los gritos libertarios de Cartagena, Mompox, El Socorro y Cali, los sucesos acontecidos en Santafé se convirtieron en los más importantes porque en esta ciudad residía el Virrey, funcionaba la Real Audiencia y la Casa de Moneda, principales instituciones del Rey Fernando VII en la Nueva Granada.

Si bien el 20 de Julio no fue un rompimiento total con España, sí marcó el inicio del proceso de Independecia porque fue un desafío al centro del poder colonial.

TESTIMONIO

Crónica de un día que cambió la historia

El acta: El original del acta del 20 de Julio desapareció en el incendió de las Galerías Arrubla en Bogotá el 20 de mayo de 1900. Se conserva la reproducción de la obra realizada por Sperling en Leipzig para la celebración del centenario de la
Independencia. Cuadro conmemorativo del Acta de la Revolución del 20 de julio de 1810, 1849. Litografía en color realizada por Simón José Cárdenas y Joseph Lemercier. Colección Museo Nacional de Colombia.

Aunque varias ciudades y provincias se habían levantado contra la Corona en poder de ‘Pepe Botella’, el 20 de julio de 1810 partió en dos la historia del país.

“Es día de mercado, pero hoy un incidente de gravedad se ha presentado en la Plaza Mayor. La gente grita por un lado: “¡Están insultando a los americanos!” Y, por el otro: “¡Abajo el mal gobierno! El campanario está incendiándose, y una multitud de gente se aglomera y grita en contra de las autoridades españolas.

En medio de la agitación, el pueblo enfurecido ha empezado a romper las ventanas, a forzar las puertas y a registrar las casas españolas. Sin embargo, aquellas personas, de todas las clases sociales, que permanecen en la Plaza Mayor, provienen de las haciendas cercanas a la Sabana, a las que volverán en la noche. En la Plaza Mayor, así como en las calles, el tumulto es menor según avanzan las horas. Por lo tanto, hemos decidido avanzar con un grupo de estudiantes y amigos hacia los barrios aledaños a la Plaza, como San Victorino, La Candelaria, La Catedral y Las Nieves, y allí arengar a mendigos, artesanos, mulatos e indígenas, para impedir que disminuya la presión ejercida hasta el momento sobre el Virrey.

Es la oportunidad de otros. Son las ocho de la noche, la multitud toma piedras del suelo y los garrotes de sus casas y los llevan entre la ropa. La horda se agolpa en el centro de la ciudad al grito de “¡Cabildo abierto!” y “Mueran los chapetones”. El Virrey ha rehusado las peticiones del Ayuntamiento de Santafé, pero queda algo por hacer: hemos acordado entrar a las iglesias, con permiso o sin él, para tocar las campanas, de este modo llamaremos al resto de los habitantes.

Así hemos logrado reunir en la Plaza a unas 9.000 personas, y me han comisionado para hablar con el Virrey, pero su intransigencia hacia la posibilidad del Cabildo abierto hace que me ofusque. Solo el oidor Jurado ha podido calmarme y, una vez más, he tenido que esperar en la Plaza la respuesta del Virrey.

El virrey Amar ha autorizado el Cabildo extraordinario. Pero no era lo que esperábamos escuchar, pues este cabildo le da el poder al Ayuntamiento y no al pueblo, como lo hemos solicitado. Pasadas algunas horas nos hemos aproximado a los cuarteles del regimiento de Artillería y, a gritos, hemos pedido que rindan sus armas. Por esta razón el Virrey ha accedido a ceder las guarniciones de la capital al Cabildo y ha autorizado redactar un acta en la que los patricios criollos reconocen su afiliación a Fernando VII y solicitan la posibilidad de compartir el poder del Virrey. Pero este acuerdo no especifica el concepto de Independencia.

Finalmente, el pueblo, cansado por las horas de espera, empieza a desperdigarse, mientras que la Junta de Gobierno da por terminada la revuelta. No obstante, la Independencia no es clara; y, por causa de mi pensamiento, se me ha excluido de las deliberaciones del Cabildo, al tiempo que la Junta ha ordenado mi arresto y la pena de cárcel”.

José María Carbonell

20 de julio, chapetones, florero, independencia

Grupo Semana

Todos las marcas registradas son propiedad de la compañía respectiva o de PUBLICACIONES SEMANA S.A. Se prohíbe la reproducción total o parcial de cualquiera de los contenidos que aquí aparezca, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.

COPYRIGHT © 2018 PUBLICACIONES SEMANA S.A.