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Deuda histórica con el medio ambiente

La biodiversidad es la principal riqueza de nuestro país, sin embargo, hace falta que el Estado colombiano asuma como una prioridad política y presupuestaria el inventario, monitoreo, preservación y protección de este patrimonio natural.

Por Miguel Gonzalo Andrade Correa
Profesor Asociado Instituto de Ciencias Naturales Facultad de Ciencias, Universidad Nacional de Colombia


Fotografía: Jorge Patino.

El río de los cinco colores

Caño Cristales, al sur de la Serranía de la Macarena, es considerado el río más lindo del mundo gracias a las tonalidades que diferentes clases de algas les dan a sus aguas.

Junto a Brasil, China, Indonesia, Ecuador, Perú, México, India, Venezuela y Bolivia, Colombia comparte la categoría de país megadiverso, pues posee más del 10 por ciento de la diversidad biológica del mundo. Es la segunda nación más rica en especies de mariposas, con 3.274 (de las cuales 350 son únicas de Colombia y 10 están amenazadas); la primera en aves, con 1.885 (142 exclusivas y 160 amenazadas); la segunda en anfibios, con 763 (367 únicas de nuestro territorio y 48 amenazadas); la tercera en reptiles, con 524 especies (97 exclusivas y 38 amenazadas) y la cuarta en mamíferos, con 479 (28 exclusivas y 75 amenazadas).

En invertebrados marinos hay 280 especies de esponjas, 584 decápodos, 91 isópodos y 50 stomatopoda (los tres del grupo de crustáceos, como los cangrejos), 40 de ellos en peligro. Existen 2.500 especies de peces marinos, 39 categorizadas bajo algún grado de riesgo, y 2.227 de peces dulceacuícolas –ubicando al país en el cuarto lugar–, pero con 44 de estas amenazadas.

Los musgos también abundan, hay 939 especies, de las cuales 46 están amenazadas. De hepáticas hay 840, y 51 amenazadas. Las plantas nos ponen en el segundo lugar, con 41.000, aunque con 1.152 especies en peligro.

El inventario, monitoreo y evaluación de la diversidad biológica no ha sido una prioridad ni una política de Estado, y tampoco se ha tenido en cuenta en la planeación y toma de decisiones para el desarrollo del país. Los recursos destinados a su investigación deberían priorizarse como una forma de inversión nacional que podría convertirse en polo de desarrollo, fuente de ingresos y manutención del patrimonio biológico.

La biodiversidad no puede considerarse solo como la relación de los organismos que crecen en un territorio determinado, o como la eterna fuente de materiales y/o biomasa que satisface las necesidades de producción humana. Cualquier objetivo que involucre su uso debe ir más allá y propender por la participación justa y equitativa de sus beneficios y la transferencia apropiada de las tecnologías pertinentes para su estudio, valoración y protección.

Ello podría generar una importante fuente de desarrollo. De hecho, la diversidad intraespecífica (entre organismos de la misma especie) e interespecífica (entre miembros de diferentes especies) nos ha proporcionado alimentos, maderas, fibras, energía, materias primas, sustancias químicas, elementos industriales y medicamentos. Además, indirectamente los recursos biológicos tienen un gran valor agregado en el esparcimiento y el turismo. No obstante, sus hábitats están siendo destruidos, lo que conduce, irremediablemente, a que desaparezcan a un ritmo tan excesivamente rápido que no les da la oportunidad de estabilizarse con procesos de especiación (formación de nuevas especies).

  • Agencia Afp. Foto pool/rob Griffith.

  • Foto: Iván Herrera

  • Oso de anteojos (Tremarctos Ornatus)

    Foto: Juan Carlos Sierra. Revista Semana.

  • Rana dorada venenosa (Phyllobates terribilis)

    Archivo Parques Nacionales Naturales de Colombia

  • tucanete gorjiazul (Aulacorhynchus caeruleogularis)

    Archivo Particular

  • Foto Guillermo Torres Semana Jr

  • Águila harpía (Harpia harpyja)

    Foto Guillermo Torres Semana Jr

  • Tigrillo (Leopardus Wiedii)

    Foto Guillermo Torres Semana Jr


Especies en peligro: La riqueza y diversidad natural de nuestro país, con especies únicas en el mundo, se ven afectadas por el avance de la deforestación, el calentamiento global, la ampliación de la frontera agrícola y el desarrollo de proyectos de infraestructura.

Preservación y protección

La crisis actual de la biodiversidad (extinción efectiva y esperada) es fundamentalmente un fenómeno de genealogías (ascendencia y descendencia de especies), en el que se necesitan entre 2.000 y 100.000 generaciones para la aparición de una nueva especie. Por eso, las soluciones deben dirigirse hacia la preservación y protección de sus ambientes, es decir, las áreas representativas del Sistema de Parques Nacionales Naturales.

Actualmente, buena parte de la biodiversidad de Colombia se concentra en 13 millones de hectáreas correspondientes a 54 áreas protegidas. ¡Un banco genético irreemplazable! La tasa de extinción inducida por las actividades humanas es cada vez más acelerada, especialmente en islas, lagos, ambientes montañosos y bosques húmedos tropicales, cuya extensión original se ha reducido aproximadamente en un 55 por ciento debido a la tala y los incendios.

Dos terceras partes de los ecosistemas colombianos se concentran en la región Pacífica, la Amazonia y la Orinoquía. El resto corresponden a la región Andina y Caribe, y han sido intervenidos y transformados con una alta densidad poblacional.

Con relación a las hectáreas de bosques, la Ley 2 de 1958 estableció que el país tenía 58 millones, un mapa realizado en 1984 indicó que había 53 millones, mientras el Ideam, en 1997, determinó la medida en 80 millones.

Entre 1900 y 1962 las cifras de deforestación llegaron a 6 millones de hectáreas, y entre 1963 y 1998, a 11.500.000, considerando que la pérdida de cobertura boscosa fue del 36 por ciento.

En la Amazonia colombiana se calcula que hay 38 clases de coberturas vegetales. En 2007 las cifras señalaban que se mantenía el 85 por ciento de los bosques, no obstante entre 2002 y 2007 se perdieron cerca de 7.000 km² de selva, es decir, 1.465 km² por año.

Causas del despojo forestal

Se cree que la deforestación ocurre por el consumo energético, los cultivos ilícitos y su erradicación, y la quema provocada de la vegetación, sin embargo, no existen cifras confiables que permitan establecer la escala de esta destrucción en el territorio nacional, no hay un monitoreo de las hectáreas de bosque que las Corporaciones Autónomas Regionales restituyen anualmente, ni de las áreas que periódicamente extrae la autoridad ambiental de las reservas declaradas mediante la Ley 2 de 1958.
Por lo anterior, es imperativa una iniciativa de largo alcance que coadyuve a restaurar componentes de la biodiversidad, fundamentales para garantizar una calidad ambiental a la población colombiana.

Patrimonio que se desvanece


Crédito: Agencia AP. Foto William Fernando Martinez.

TRATO SALVAJE

El tráfico y comercialización ilegal de especies silvestres son dos de los principales flagelos contra especies de primates, tortugas, guacamayos y serpientes, pues al sacarlos de su hábitat natural aumenta el riesgo de su extinción.

Entre las principales causas de pérdida de nuestra biodiversidad se encuentran el cambio climático global, la introducción de especies, la alteración de los hábitats, la pesca comercial sin control, la pesquería industrial de altamar, la sobreexplotación, la fragmentación de las poblaciones, la deforestación, la actividad agrícola, la urbanización, el comercio ilegal, la extracción maderera, la contaminación, la minería, la destrucción de humedales y zonas de páramo, la erosión, los desastres naturales, el comercio internacional de pieles, la ampliación de la frontera agrícola, la cosecha indiscriminada y el desarrollo de proyectos de infraestructura.

La variedad de especies es quizá el patrimonio más importante que tiene el país, por ello, el gobierno nacional debe establecer una política de Estado que le permita a Colombia liderar mundialmente el tema y convertirse en referente para las demás naciones.

Contaminación industrial: Para poder enfrentar los efectos adversos de algunas actividades económicas, es necesario poner en marcha un modelo de desarrollo sostenible que le dé prioridad al cuidado ambiental sobre el interés económico y comercial. Crédito: Agencia AP.

Hay un deterioro ambiental sin precedentes que está generando cambios globales, destrucción de ecosistemas, extinción de especies, agotamiento de los recursos naturales, contaminación de agua, suelo, aire y enfermedades emergentes que afectan todas las formas de vida.

En esta crisis ambiental que amenaza a la humanidad, las poblaciones más pobres son las más vulnerables a desastres naturales. Sin lugar a dudas, se está generando inseguridad social, fragilidad económica, migraciones, desplazamientos humanos y conflictos por el acceso a los recursos.

Ignorar el imperativo ecológico agravará estos problemas sociales y las inequidades nacionales y mundiales. El tema nos cuestiona y reclama respuestas que deben ir más allá del desacuerdo político para convertirse en una causa común. Así se podrá reorientar una política que ubique la agenda ambiental en el centro de la acción pública, y reemplazar el modelo de desarrollo insostenible por uno que sitúe la sostenibilidad como el empeño primordial de la sociedad colombiana y su Estado.

Es necesario controlar la devastación de los páramos y de los humedales, así como las acciones mineras en zonas de conservación del territorio nacional. No puede primar un interés económico y comercial sobre la importancia de declarar nuevas áreas protegidas, y menos apoyar la construcción de carreteras como la del Darién y Nuquí, que afectan ecosistemas naturales altamente amenazados.

Asimismo, se debe modificar la Decisión Andina 391 de 1996, que tiene en mora el proceso de contrato que permite el acceso de investigadores a recursos genéticos para proyectos científicos con fines no comerciales, y agilizar el procedimiento de la consulta previa con las comunidades étnicas para que se puedan llevar a cabo los proyectos de investigación relacionados con el conocimiento, conservación y uso de la biodiversidad que adelantan cerca de 1.200 investigadores desde institutos y centros de las principales universidades del país.


Crédito: Agencia AP. Foto Fernando Vergara.

Efectos del calentamiento global

Las dinámicas y problemas climáticos a nivel mundial, como el calentamiento global, inciden en el equilibrio de los ecosistemas nacionales, por ejemplo, con la progresiva desaparición de los nevados colombianos.

La Comisión Marco de la Naciones Unidas sobre Cambio Climático definió este fenómeno como “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera y se suma a la variabilidad natural del clima observado durante periodos comparables”.

Lo anterior significa que este problema ambiental se debe al incremento de la concentración de gases de efecto invernadero que atrapan calor y calientan la superficie del planeta. Los niveles de estos gases aumentan debido a emisiones provenientes de la actividad humana como la quema de combustibles fósiles y cambios en el uso del suelo. El resultado de este proceso es la pérdida de biodiversidad y el aumento de la temperatura media global, lo cual puede producir ascenso del nivel del mar, olas de calor, tormentas, huracanes y el calentamiento de los nevados y glaciares.

Para enfrentar esta realidad se debe fomentar el ahorro de energía y favorecer la producción y uso de energías renovables, alternativas y amigables con el medio ambiente. Solo así se podrá hacer una apuesta vital por la conservación de la biodiversidad en el territorio nacional.

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