El Centenario

La celebración de los 100 años del 11 de noviembre reveló una pugna por la construcción de la memoria histórica nacional y popular.

Raúl Román Romero
Profesor Universidad Nacional de Colombia sede Caribe


Fotografía: Archivo particular

Para recordar

Para celebrar el Centenario de la Independencia de Cartagena, el comite organizador mandó a hacer una serie de postales conmemorativa.

El 29 de septiembre de 1910, el gobierno nacional presidido por el antioqueño Carlos E. Restrepo, sancionó la Ley Número 57 que declaraba como fiesta nacional el “11 de noviembre de 1911, primer centenario de la proclamación de la independencia absoluta de la Madre Patria”. Esta Ley fue el exitoso final de la lucha que algunos intelectuales del departamento de Bolívar habían librado para lograr que la región tuviera un reconocimiento en la memoria nacional, que por esos años se construía sobre la Independencia.

Pero ese intento tuvo serias limitaciones. La primera fue la aprobación de un precario presupuesto de 30.000 pesos, equivalentes al 12,4 por ciento de lo gastado en la celebración del 20 de julio; y la segunda, que el Ministerio de Instrucción Pública desconoció el carácter nacional de la celebración, al disponer que se cumpliera en todos los planteles educativos de la provincia de Cartagena, mas no en los del resto del país.

Estos no fueron los únicos hechos que pusieron en evidencia el poco interés del gobierno central. Solo 20 días antes de que se llevara a cabo la festividad, el presidente Restrepo ante su inminente ausencia en Cartagena designó a los conservadores Jerónimo Martínez, Rafael Calvo C., y al liberal Simón Bossa, como los representantes del gobierno nacional en Cartagena durante las solemnidades patrióticas.

Todos estos hechos se entienden en la medida en que el gobierno y las élites del centro del país, en el marco de un nuevo proyecto político, estaban interesadas en proyectar los acontecimientos de la región andina como los que dieron origen a la República colombiana. Aunque el gobierno reconoció el 11 de noviembre de 1811 como la primera declaración absoluta de la independencia, lo cierto es que lo hizo en medio de fuertes presiones, que tenían como trasfondo tensiones locales y regionales, que llegaron a convertirse en amenazas separatistas.

Parque del Centenario – Diseñado por el arquitecto catalán Pedro Malabet, fue construido en la antigua Plaza del Matadero.

Desde mayo de 1910 se inició en Cartagena un fuerte cuestionamiento a la celebración del 20 de julio como fecha de la independencia nacional. Los intelectuales y políticos de la región alegaban que los acontecimientos que se dieron ese día no habían iniciado el proceso revolucionario del país pues el acta del cabildo de Santafé seguía jurando lealtad al rey de España. En cambio, en los hechos ocurridos entre el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810 en Cartagena, que desembocaron en la expulsión definitiva del gobernador Francisco Montes, sí se desconoció la autoridad del virrey español. Indignados por esa afrenta histórica, los defensores de esta tesis utilizaron las páginas de los periódicos locales para protestar ante la Comisión Nacional del Centenario del 20 de julio, sobre la “falsedad histórica” que entrañaba celebrar la fecha de Bogotá como día de la independencia nacional.

Para salirle al paso a la disputa y calmar los ánimos, el presidente Restrepo promulgó la Ley Número 57 que declaraba el 11 de noviembre fiesta nacional y nombró a dos cartageneros en el gabinete ministerial. La hábil jugada política frustró la posibilidad de defender y negociar frente al gobierno central y a la intelectualidad andina los intereses regionales en la construcción de la memoria nacional y trajo como consecuencia la marginación simbólica del 11 de noviembre y la consolidación del 20 de julio como hito de la independencia nacional.


Medalla del centenario de Cartagena, 1911. Museo Nacional de Colombia.


Crítica popular

Para engalanar la ciudad con motivo del Centenario, los gobernantes del Corralito promovieron la construcción de monumentos y obras, como el Parque del Centenario, el Monumento a la Bandera, el Teatro Municipal, la estatua a la libertad y la pavimentación de calles. Incluso los miembros del Club Cartagena hicieron una medalla con motivo de la fiesta. Por su parte, los artesanos los atacaron en su periódico Voz del Pueblo por mostrar a los blancos nobles como únicos protagonistas de la independencia, y por gastarse los recursos públicos en monumentos cuando en la ciudad no había buenos servicios públicos, agua potable, buena educación o un servicio de aseo público.

Pese al poco interés dado por el gobierno a la celebración, en Cartagena se convirtió en la festividad patriótica más importante y la segunda celebración del centenario de la independencia más significativa en el país. Fueron diez días de fiestas que se iniciaron el 10 de noviembre. Los festejos reunieron un gran número de actos alusivos a la independencia en los que la élite exaltó el papel de los criollos blancos en el proceso revolucionario. Para comenzar, se hizo una recepción a los delegados del gobierno e invitados, y se proclamó el decreto por el cual se declararon diez días de fiestas solemnes.

El segundo día, a las 10:30 de la mañana, la plaza de la Proclamación, contaba con la presencia de uno de los regimientos militares, los colegios y una concurrencia importante de habitantes de la ciudad, que esperaban que Alejandro Amador y Cortés leyera el acta de independencia absoluta.

A las cuatro de la tarde se inauguró el obelisco y el Parque del Centenario con la presencia del regimiento, los estudiantes, los profesores de los colegios y asistentes en general. Presidieron el acto las principales autoridades del departamento y de la ciudad.

También el Paseo de los Mártires, construido en 1884, se convirtió en objeto de representación simbólica de la fundación de la República, al inaugurarse el monumento Noli me tangere, con una mano levantada y con el escudo donde aparece una indígena bajo una palmera y con una granada en la mano; símbolo que había identificado la independencia de la ciudad desde 1812.

Día tras día se fue dando cumplimiento a cada uno de los números y eventos programados. Pero más allá de las celebraciones y actos, esta efemérides se convirtió en un campo de confrontación simbólica que enfrentó diferentes intereses políticos y sociales. En el fondo se trató del intento de sectores sociales antagónicos por construir una memoria histórica sobre la independencia de Cartagena que les permitiera legitimar sus proyectos políticos; de allí que estos grupos instrumentalizaran la ocasión a conveniencia de sus intereses.

Las élites orientaron sus acciones hacia culminar un proceso para disciplinar la memoria popular que buscaba, sobre todo, imponer como forjadores de la independencia de la ciudad a un grupo de criollos que pertenecían al patriciado de Cartagena en la primera década del siglo XIX. Con este objetivo se les rindió homenaje público a Manuel Rodríguez Torices, José María García de Toledo, Antonio José de Ayos, Miguel Díaz Granados, Manuel del Castillo Rada, Pantaleón Germán Ribón, Amador, Miguel Anguiano y José María Portocarrero, denominados mártires de la independencia desde 1855 e inscritos en la memoria con la colocación de sus bustos en 1884 en el llamado Paseo o Camellón de los Mártires.

Frente a esta imposición elitista y racista de una memoria de la independencia de Cartagena, los sectores populares de la ciudad en la Sociedad de Artesanos de Cartagena, organizada desde 1908, pretendieron imponer uno de los héroes representativos de los sectores populares y de su condición racial, con la idea de erigir un busto en honor al artesano Pedro Romero en una de las puertas del Parque del Centenario, inaugurado el 11 de noviembre de 1911.

Esa propuesta fue el esfuerzo popular más importante para construir una memoria histórica de las acciones de los sectores populares en el proceso de independencia. Sin embargo, pese a que los artesanos regalaron una hora diaria de trabajo para culminar el Parque del Centenario e hicieron algunas colectas, el proyecto no se materializó gracias a que la junta organizadora de la conmemoración no lo consideró importante. En su reemplazo, fue colocada la estatua de un herrero, tipo europeo, en honor al trabajo. Así, la representación de un héroe popular afrodescendiente de la independencia quedó reducida, por no decir excluida, ante los designios e ideales de la élite cartagenera.

Acto final – Para cerrar las fiestas conmemorativas del centenario, el 19 de noviembre se llevó a cabo en el lago El Cabrero la representación de una batalla naval

Restropectivamente, el propósito de las élites cartageneras de imponer el 11 de noviembre como un hecho hegemónico tanto en la memoria nacional como popular local fracasó. Por una parte, las élites andinas excluyeron el hito cartagenero, lo que se agravó cuando unos años más tarde, el 7 de Agosto, día dela Batalla de Boyacá, se convertía, en medio de una extraordinaria celebración centenaria, en la fecha de la “independencia definitiva de Colombia”. Por otra parte, a pesar de que la élite cartagenera se esforzó por imponer a los sectores populares de la ciudad la idea de que la aristocracia criolla era la forjadora exclusiva de la independencia y fundadora de la República, tuvo que enfrentar la resistencia de una memoria popular que reconocía a individuos humildes afrodescendientes como artífices de ese hito histórico.

Esta débil y disputada construcción de una memoria histórica de la independencia de Cartagena ocasionó tal fragilidad en los referentes históricos del 11 de noviembre, que años más tarde fue amenazada por las festividades del Reinado Nacional de la Belleza y los reinados populares celebrados desde los años treinta en esa misma fecha. No obstante la pervivencia de una memoria popular de la independencia ha permitido que esta se recupere paulatinamente junto a la memoria de personajes que, como Pedro Romero y José Prudencio Padilla, alguna vez fueron marginados de esta memoria de la independencia de Cartagena.

“noli me tangere”

Frase en latín que significa “no me toques”. En Cartagena la expresión fue utilizada para representar a una mujer, que simboliza la libertad, con su brazo derecho alzado.


 

Cartagena, independencia

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