El frente nacional

Para salir de la dictadura y la Violencia, liberales y conservadores hicieron un pacto para repartirse el poder. Aunque el acuerdo terminó el enfrentamiento tradicional, no logró pacificar al país.

Por Editorial
Bicentenario


Fotografía: Archivo Particular.

El Pacto de Sitges

Reunión entre Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, el 20 de julio de 1957, donde se aseguró la paridad ministerial y en las corporaciones públicas, la votación parlamentaria por mayoría calificada y la convocatoria a un plebiscito nacional.

Instituciones creadas durante el Frente Nacional

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Juntas de Acción Comunal (JAC)

Fueron establecidas por Alberto Lleras dentro de un programa nacional para atender las zonas más afectadas por la Violencia, con el fin de estimular la participación comunitaria y promover proyectos de autogestión en áreas como educación, salud e incluso agricultura.

Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora)

Fue creado en diciembre de 1961 para apoyar las expropiaciones de tierras sin explotar, evitar así la concentración latifundista, en beneficio de los campesinos y arrendatarios. El Incora enfrentó una fuerte oposición de los terratenientes y ganaderos.

Fondo de Promoción de Exportaciones (Proexport)

Fue creado mediante el Decreto-Ley 444 de 1967, con el objetivo de otorgar líneas de crédito, planes de seguros, información de mercados internacionales y ser el vocero de los exportadores ante el gobierno.

Unidad de Poder Adquisitivo Constante (Upac)

Fue un sistema implantado por Misael Pastrana para estimular el sector de la construcción mediante el ajuste monetario de los depósitos y créditos hipotecarios de acuerdo con el índice de inflación. Así, el dinero de una cuenta de ahorros o de un crédito para vivienda mantenía su capacidad de compra si los salarios se ajustaban también según la inflación. 

La ciudad turística de Benidorm, en España, fue el lugar de un encuentro inimaginable años atrás. El líder conservador Laureano Gómez, exiliado desde que el general Gustavo Rojas Pinilla lo sacó del poder, recibió la visita del jefe liberal Alberto Lleras Camargo, en ese entonces ya ex presidente de la República. Su propósito era discutir una acción conjunta de los partidos para hacer frente a la dictadura del general Rojas Pinilla y, de paso, pacificar el país.

El 24 de julio de 1956 los dos hombres sentaron las bases de una coalición bipartidista que se repartiría por partes iguales el control del Estado a través de la alternancia de la Presidencia. El Pacto de Benidorm, perfeccionado en Sitges el 20 de julio de 1957, creó el Frente Nacional, que nacería cuando por fin cayera Rojas Pinilla.

En efecto, el 4 de octubre de 1957 la Junta Militar que lo reemplazó convocó a un plebiscito nacional que se realizó el primero de diciembre de del mismo año. En las elecciones más concurridas de la historia colombiana, y las primeras en las que votaban las mujeres, 4.169.294 personas aprobaron un sistema de gobierno bipartidista, con el cual se alternaría la Presidencia de la República entre los dos partidos tradicionales por un periodo de 16 años. Además ambas colectividades se repartirían con reglas “milimétricas” los ministerios, gobernaciones, alcaldías y todos los demás cargos públicos. Con el plebiscito se convocó la elección popular de Presidente, Congreso, asambleas y concejos para el primer semestre de 1958, se garantizó la igualdad de derechos para ambos sexos y se adoptó la fórmula de una mayoría de dos tercios de los votos en el Congreso para cualquier iniciativa, en busca de asegurar que el manejo de los asuntos del Estado quedara siempre en manos de la coalición.

Este pacto bipartidista contó con el apoyo de las élites políticas, económicas, sociales y de la Iglesia, pues surgió como una salida a la violencia de los años cuarenta y cincuenta y a la dictadura militar. Pero el acuerdo, además de evitar la primacía de un partido sobre el otro y la exclusión burocrática, impidió que llegaran nuevas fuerzas políticas a disputar el poder, lo que tendría consecuencias funestas.

Como efectos positivos, el Frente Nacional logró desactivar los “odios heredados”, la cultura sectaria y pasional alimentada durante años por los dos partidos tradicionales. En segundo término, la estabilidad institucional que generó fue decisiva para evitar que Colombia cayera en la ola de regímenes militares que asolaron al continente en estos años. Y además, el Frente Nacional permitió mantener la estabilidad macroeconómica del país, que se constituyó en uno de los mayores logros de la sociedad colombiana a lo largo la segunda mitad del siglo XX. Para esto último, se mejoraron las capacidades de planeación y ejecución del Estado, se centralizaron muchos programas e inversiones y se creó una tecnocracia al servicio del aparato estatal. Este proceso fue impulsado principalmente por el gobierno de Carlos Lleras, quien le dio un papel importante al Estado en la economía.

La agricultura, cada vez más tecnificada, se orientó hacia las grandes plantaciones y la exportación, lo que concentró la propiedad rural y expulsó a miles de campesinos que migraron a las ciudades, donde se concentraba la oferta de empleos en los sectores industrial y de servicios. Como consecuencia, los centros urbanos crecieron en forma desproporcionada y anárquica. Y todo ese proceso se presentó justo cuando el Estado participaba como nunca antes en la planeación de la economía, que presentó un nivel de crecimiento lento pero sostenido durante estos años.

Pese a la paz partidista y al supuesto avance del país, algunos sectores políticos y sociales denunciaron el carácter excluyente del sistema y exigieron una mayor apertura política. Uno de los grupos disidentes fue el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) de Alfonso López Michelsen, quien propuso un programa reformista que, apoyado en las clases medias, cambiaría la clase política. Este movimiento acogió algunos sectores como comunistas y antiguos guerrilleros liberales que participaron en política y lograron hacer cierta oposición en el Congreso. Sin embargo, el MRL dejó de hacer oposición total al Frente Nacional, por lo que la mayoría de sus integrantes regresaron al liberalismo oficial en 1967. Otro grupo disidente fue la Alianza Nacional Popular (Anapo), dirigida por el general Gustavo Rojas Pinilla, que apoyado en un discurso populista enfocado en las masas urbanas prometió mejorar las condiciones económicas y logró un gran apoyo electoral en la contienda presidencial de 1970. En esas elecciones Rojas Pinilla, quien participaba en el turno conservador, perdió por un escaso margen ante el candidato oficialista, Misael Pastrana Borrero, en una jornada marcada por las denuncias de fraude oficial.

Estos movimientos expresaron el rechazo de grandes sectores de la población hacia el acuerdo bipartidista, el cual se quedó en el reparto burocrático, pero no en buscar un acuerdo sobre puntos fundamentales que permitieran darle solución de fondo a los problemas del país. El Frente Nacional hizo que los partidos perdieran gran parte de su identidad ideológica y se alejaran aún más de las reivindicaciones populares, lo que llevó a que el sistema político fuera perdiendo legitimidad y apoyo ciudadano, evidenciado en la creciente abstención electoral.

Al tener asegurados la mitad de los cargos de elecciones populares, los partidos tradicionales se fragmentaron por la competencia intrapartidista. Esto derivó en más clientelismo y realzó la figura de los políticos regionales.

Si bien el pacto logró disminuir en forma importante los niveles de violencia, su efecto de exclusión produjo un resultado inesperado: durante esos años surgieron los principales grupos guerrilleros: en 1964 las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), en 1965 el Ejército Popular de Liberación (EPL) y en 1973 el Movimiento 19 de Abril (M-19). En efecto, ese sistema cerrado, que no permitía la existencia de otras visiones, terminó por arrojar a las filas del naciente movimiento guerrillero a toda una generación de jóvenes radicales que veían en la Revolución cubana un ejemplo a seguir.

Si bien estos grupos plantearon un discurso nacionalista, antiimperialista y de oposición al sistema político, y se consideraron la vanguardia revolucionaria que llevaría al pueblo al poder por medio de las armas, nunca tuvieron un gran apoyo popular que los legitimara, salvo en algunas zonas particulares del país y de la sociedad. Además, su orientación ideológica y sus acciones armadas los aislaron del conjunto de la población.

Para hacer frente a los grupos guerrilleros, el Estado implantó una política represiva que aplicó contra todo tipo de protesta popular, lo que deslegitimó el sistema político e hizo crecer el descontento social. En estos años el estado de sitio dejó de ser una medida excepcional para convertirse en una forma de vida mediante la cual los gobiernos dejaron en las Fuerzas Armadas gran parte del manejo del orden público.

Frente a este clima de inconformismo político, se realizó una reforma constitucional en 1968 para preparar el desmonte del Frente Nacional. Se acordó que la paridad legislativa terminaría a nivel municipal y departamental en 1970 y en el Congreso en 1974, y que la paridad burocrática en el Ejecutivo se mantendría hasta 1978, y que de ahí en adelante el partido ganador le proporcionaría una participación equitativa al partido que recibiera el segundo número de votos.

Sin embargo, se siguieron tramitando todos los acuerdos en el marco del bipartidismo y se desconocieron las otras opciones políticas. Así, la continuidad de la burocratización clientelista de los partidos tradicionales, el debilitamiento de la competencia interpartidista y la exclusión de la oposición política solo se desmontaron totalmente con la Constitución de 1991.

Presidentes del Frente Nacional

Alberto Lleras Camargo

Alberto Lleras Camargo

(1958-1962)

Crédito: Archivo particular

Guillermo León Valencia

Guillermo León Valencia

(1962-1966)

Crédito: Archivo particular

Carlos Lleras Restrepo

Carlos Lleras Restrepo

(1966-1970)

Crédito: Archivo particular

Misael Pastrana Borrero

Misael Pastrana Borrero

(1970-1974)

Crédito: El Espectador

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