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La República de Cartagena

Los sueños de libertad, igualdad y autonomía se materializaron en la República de Cartagena, un sueño que se truncó con la reconquista española.

Por Adelaida Sourdís Nájera
Historiadora, miembro de la Academia Colombiana de Historia.


Fotografía: Guillermo Gutiérrez de Piñeres, Germán Gutiérrez de Piñeres y Miguel Díaz Granados. Biblioteca Luis Ángel Arango.

Antonio Villavicencio

Este prócer ecuatoriano participó en la batalla de Trafalgar como integrante de la Marina española. Nombrado comisario regio en representación del Consejo de Regencia para la Nueva Granada, viajó a Cartagena donde el 14 de junio de 1810 nombró al teniente Blas de Soria en reemplazo del detenido gobernador Francisco Montes. Cuando estaba en Honda, en viaje hacia Santafé, se enteró de los sucesos del 20 de julio y del desconocimiento del Consejo de Regencia, por lo que a su llegada a la capital suspendió sus funciones y se unió a la causa patriota. En 1813 participó en la ‘Campaña del Sur’ a órdenes de Antonio Nariño. En 1814 fue nombrado gobernador de la provincia de Tunja, y al año siguiente participó en el gobierno del triunvirato. Fue capturado por la reconquista española cuando era gobernador de Mariquita. Murió fusilado el 6 de junio de 1816.

España había sido invadida por Napoleón Bonaparte desde 1808 y este había instalado en el trono a su hermano José. Un Consejo de Regencia constituido espontáneamente se había abrogado la soberanía y el gobierno en nombre del rey prisionero para salvar el imperio. En marzo de 1810 llegó a Cartagena don Antonio Villavicencio, enviado por la Regencia con el fin de lograr que los americanos la reconocieran y juraran fidelidad a Fernando VII. El 22 de mayo se reunió el cabildo y decidió jurar por el rey al mismo tiempo constituir un gobierno autónomo colegiado, integrado por el gobernador de la provincia, el español don Francisco Montes, quien lo presidiría y dos regidores.

La formación de un gobierno autónomo prendió en Cartagena el debate sobre cuál debía ser el sustento que legitimara el ejercicio del poder. Unos creían que esa figura debía seguir siendo el rey Fernando VII. Sin embargo otro sector de la sociedad consideraba que el pueblo era la fuente de esa legitimidad y que por lo tanto debía ser parte activa en la conformación del nuevo gobierno. Estas discusiones desembocarían en el nacimiento de la primera República en Cartagena.

El primer intento de instaurar un gobierno autónomo en Cartagena pronto hizo crisis. Montes no se avino a gobernar con los regidores y José María García de Toledo, dirigente de los criollos que buscaban el poder, fraguó un golpe de Estado el 14 de junio de 1810, y logró que el cabildo depusiera al gobernador y lo arrestara. En su lugar fue nombrado el teniente de rey, don Blas de Soria. Por primera vez en nuestra historia los criollos deponían a la autoridad constituida por la metrópoli, escogían a su sucesor y se salían con la suya. Montes fue deportado a La Habana días después. Dos meses más tarde, el 14 de agosto de 1810, se organizó la ‘Suprema Junta Provincial de Cartagena de Indias’, compuesta por el cabildo en su totalidad y delegados de los cabildos sufragáneos de Mompox, Tolú, San Benito Abad y Simití. García de Toledo fue elegido presidente de la misma por un periodo de cuatro meses. Esta transferencia de la legitimidad al cabildo fue el camino más frecuente que se siguió en los inicios de la independencia, y no era otra cosa sino el renacer de la política tradicional.

Desde este momento se dividieron los criollos en dos facciones que respondían a diversas maneras de concebir la independencia y el manejo del Estado. La primera, llamada de los Aristócratas o Regentistas, era partidaria de continuar bajo la tutela del Consejo de Regencia pero con un gobierno autónomo formado por los hijos de Cartagena. Estaba integrada por los terratenientes y los grandes comerciantes adinerados y su principal exponente era el citado Toledo. La segunda estaba acaudillada por los hermanos Gabriel y Germán Gutiérrez de Piñeres, oriundos de una acaudalada familia de Mompox. Eran partidarios fervientes del republicanismo democrático de Estados Unidos y de las ideas libertarias e igualitarias de la revolución francesa, por lo que conquistaron el apoyo de las clases populares, con las que mantenían una alianza tan estrecha que asustaba a los regentistas.

Uno de los primeros actos de la Junta fue organizar el gobierno. Decretó que “el gobernador, sus coadministradores, los jueces y demás autoridades de la plaza, continuarían ejerciendo sus funciones con sus mismas atribuciones… reservándose a sí la Suprema Junta las que respecto a todas ellas, y de la provincia ejercían las antiguas autoridades que existían en Santafé, y han caducado por las notorias ocurrencias de aquella ciudad”. Dividió la administración en cinco secciones: Guerra, Hacienda, Justicia, Policía y Administración.

Nace la Primera República

No obstante la repartición de los asuntos públicos, la Junta concentraba el ejercicio del poder y seguía reconociendo al Consejo de Regencia, de acuerdo con los aristócratas que no querían una separación total. Temían, entre otras cosas, que pardos y negros libertos organizaran una revolución como la de Haití y no estaban dispuestos a renunciar a sus prerrogativas de clase. Los Piñeres y la facción radical rechazaban esta posición, conocedores como eran del poder soterrado de muchos realistas, que en una ocasión trataron de derrocar a la Junta al sublevar al Regimiento Fijo.

En estas circunstancias, el 19 de junio de 1811 presentaron al síndico procurador de la ciudad un preciso petitorio firmado por Miguel Díaz Granados, Germán Gutiérrez de Piñeres, Manuel Rodríguez Torices, José Fernández de Madrid y 479 individuos más, en el que solicitaban expedir una constitución que estableciera la división de poderes y desconociera el gobierno de la península. Para presionar a la Junta, se valieron de los estamentos populares dirigidos por Pedro Romero y Joaquín Solano que acudieron en tumulto a la sede de la Junta y protagonizaron tremenda asonada, el 11 de noviembre de 1811. La Junta, entonces, se vio obligada a declarar la independencia absoluta de España y crear el ‘Estado libre, soberano e independiente’ de Cartagena de Indias. Al tiempo que se daban estos acontecimientos en la Nueva Granada comenzaba la guerra civil entre federalistas y centralistas y al poco tiempo después Bolívar declaraba la Guerra a Muerte a los españoles. Ambos acontecimientos perturbaron la evolución de la primera república cartagenera.

La primera Junta de Gobierno: El comisario regio Antonio Villavicencio ordenó al gobernador Francisco Montes convocar un Cabildo Abierto para el 22 de mayo de 1810, y allí se formó un triunvirato o Junta de Gobierno, con Montes y dos miembros del cabildo: Antonio de Narváez y Tomás Andrés Torres.

El gobierno se constituyó bajo la dirección de dos jóvenes de especiales dotes: Manuel Rodríguez Torices, abogado y periodista egresado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario de Santafé, como presidente, y Gabriel Gutiérrez de Piñeres, comerciante y regidor perpetuo de la ciudad, como vicepresidente. Torices gobernó bajo los principios liberales de una constitución decretada en 1812, que democratizó el poder, garantizó las libertades individuales y buscó la protección y eventual libertad de los esclavos.
El joven presidente decretó medidas como expedir patentes de corso a marinos que reportaran ganancias al Estado, imponer tributos sobre tierras y rentas, incautar bienes y alhajas de los realistas expulsados y otorgar préstamos de particulares y mantener el papel moneda creado por la Junta, pero los resultados fueron un fracaso. Reordenó la división territorial y elevó a la categoría de villas, con cabildos y alcaldes, a las poblaciones de Barranquilla, Corozal, Lorica, El Carmen, Mahates, Chinú, Magangué y Soledad. Le tocó enfrentarse en guerra con la realista Santa Marta que amenazaba la seguridad del Estado y recibió en el ejército al coronel Simón Bolívar, exiliado de Venezuela. A finales de 1814 fue llamado a presidir el gobierno en Santafé, luego de que esta ciudad fue ocupada por las tropas cartageneras y venezolanas al mando de Bolívar al terminar las guerras entre federalistas y centralistas. La participación de Cartagena en esta guerra civil se constituiría en una razón de su debilidad para enfrentar la reconquista española.

Reconquista y fin de la República

El general Pablo Morillo comenzó la reconquista de Nueva Granada cuando invadió la república de Cartagena por tres frentes que coparon toda la provincia. Simultáneamente la escuadra rodeó la ciudad por mar y la sitió por completo. Los españoles y los defensores de la ciudad se trenzaron en una lucha sin cuartel que sacrificó un tercio de la población de la provincia y la mitad de los habitantes de la ciudad, liquidó la clase dirigente, destruyó la economía y dejó un saldo de desolación y miseria.

El 5 de diciembre de 1815, al caer la tarde, muchos de los defensores de Cartagena, agotados por el hambre y la mortandad decidieron evacuar la ciudad antes que rendirse. Nunca se sabrá cuántos murieron en el intento.

Cartagena, impotente, presenció el sacrificio de sus dirigentes. El 24 de febrero de 1816 fueron fusilados José María García de Toledo, Antonio José de Ayos, Manuel del Castillo, Pantaleón de Germán Ribón, Santiago Stuart, Manuel de Anguiano, Martín Amador, Miguel Díaz Granados y el santafereño José María Portocarrero. El presidente Torices fue fusilado, ahorcado y descuartizado su cadáver, en Bogotá, en la plaza de mercado –hoy Plaza de Bolívar– el 5 de octubre de 1816. Moría la Primera República.

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