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Los partidos y sus hegemonías

En 1930 la división del Partido Conservador facilitó el ascenso de los liberales al poder, 16 años después la misma razón sería la causante de su caída.

Por Editorial
Bicentenario


Colombia llegó al siglo XX vestida de azul y 30 años después se puso la camiseta roja. A partir de 1929 el liberalismo aspiraba gobernar por lo menos 50 años, como lo había hecho su adversario conservador. Para ello, intentó poner en práctica una parte del programa político que había pretendido afianzar a mediados del siglo XIX. Sin embargo, las estructuras sociales y políticas consolidadas durante las administraciones conservadoras hicieron que el programa liberal volviera a fracasar.

En los gobiernos conservadores, en cualquier caso, no imperó el oscurantismo. Aunque su visión de la sociedad estaba asentada en principios cristianos, hispanistas y tradicionales, muchos de sus mandatarios modernizaron la economía del país. Tal vez el problema de los presidentes conservadores radicó en que creyeron que ello se podía hacer mientras se mantenían intactas las estructuras sociales. Esa fue una de las causas que motivaron su caída.

Hegemonía azul

Durante 46 años los conservadores controlaron el Estado. En ese periodo, conocido como la Hegemonía Conservadora, se consolidaron unas estructuras tradicionales en la política, la economía, la cultura y la sociedad. En un momento en el que gran parte del continente vivía al ritmo de las ideas liberales y revolucionarias, Colombia vivía bajo el signo de la cruz. La Constitución de 1886 centralizó al país y fortaleció el régimen presidencialista. Restauró también los privilegios de la Iglesia, ratificados con el Concordato firmado entre la Santa Sede y el gobierno nacional. Así, la Iglesia regresaba a su redil tradicional y se convertía en la garante del orden moral de la nación.

Superada la Guerra de los Mil Días y establecida la separación de Panamá, Colombia entró en una nueva dinámica económica y política, pues los gobernantes entendieron la necesidad de propiciar un progreso acorde con las perspectivas del nuevo siglo. Cambiaron su actitud sectaria al punto de que Rafael Reyes, con el lema de “más administración y menos política”, incorporó liberales a su gabinete y buscó reformas constitucionales que le permitieran al país articularse con el mercado internacional y quebrar los núcleos de poder gamonalista en varias regiones.

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  • Carlos Eugenio Restrepo

    Carlos Eugenio Restrepo

    1910-1914

    Impulsó algunas medidas modernizantes en la política, le dio participación al Partido liberal, prohibió el voto para las Fuerzas Armadas y abolió la pena de muerte. Gracias a un aumento en los precios del café, los ingresos del país aumentaron y se redujeron las tarifas proteccionistas.

  • José Vicente Concha

    José Vicente Concha

    1914-1918

    Fue el primer presidente elegido por voto directo, y durante su mandato redujo la participación liberal en varias alcaldías y gobernaciones. Mantuvo una estricta neutralidad del país durante la Primera Guerra Mundial, y logró un tratado definitivo de límites con Ecuador.

  • Marco Fidel Suárez

    Marco Fidel Suárez

    1918-1921

    Enfrentó una gran agitación social caracterizada por huelgas en todo el país. Proclamó la doctrina Respice Polum, según la cual Colombia debía mantener una buena amistad con Estados Unidos. Renunció en noviembre de 1921, y lo reemplazó Jorge Holguín. 

  • Pedro Nel Ospina

    Pedro Nel Ospina

    1922-1926

    Recibió los 25 millones de dólares de indemnización por la separación de Panamá, con los cuales intentó modernizar e industrializar el país. Apoyó la construcción de líneas férreas y la adquisición de ferrocarriles, aumentó las áreas cultivadas de café y dio inicio a la explotación petrolera.

  • Miguel Abadía Méndez

    Miguel Abadía Méndez

    1926-1930

    Fue elegido sin la participación del Partido Liberal en la contienda electoral, y enfrentó problemas políticos durante su mandato. Además, tuvo que afrontar graves problemas sociales como la Masacre de las Bananeras en 1928, y un freno a la producción económica por la crisis mundial de 1929. En su gobierno aumentó la deuda externa del país.   

  • Enrique Olaya Herrera

    Enrique Olaya Herrera

    1930-1934

    Creó la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero, con el fin de beneficiar a los pequeños campesinos, y fundó el Banco Central Hipotecario, para financiar las viviendas a la naciente clase obrera. Su gobierno tuvo que enfrentar la guerra con el Perú en 1932. En la foto: el presidente Olaya (izquierda) con el general Vázquez Cobo, durante el conflicto fronterizo.

  • Alfonso López Pumarejo

    Alfonso López Pumarejo

    1934-1938 y 1942-1945

    Se ganó el apoyo de los trabajadores, gracias a sus propuestas reformistas como el reconocimiento legal del derecho de huelga, el impulsó la formación de sindicatos y la celebración del primero de mayo. En la foto, saluda la manifestación del Día del Trabajo de 1936.

  • Eduardo Santos

    Eduardo Santos

    1938-1942

    Periodista y dueño del periódico El Tiempo, durante su gobierno se frenaron algunas de las reformas impulsadas por López Pumarejo. Apoyó a los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, estableció el descanso dominical remunerado y fundó la Escuela de Policía General Santander y la Radiodifusora Nacional. En la foto, Eduardo Santos, al centro, con su gabinete en las escaleras del Congreso.

  • Alberto Lleras Camargo

    Alberto Lleras Camargo

    1945-1946

    Reemplazó a López Pumarejo cuando renunció a su segundo mandato. Había sido el representante de Colombia en la Conferencia de San Francisco (1945) (foto), en la cual se creó la ONU. Durante su gobierno se aprobó la reforma constitucional de 1945 que otorgó la ciudadanía a la mujer, aunque no el derecho al voto. Años más tarde sería el primer Presidente del Frente Nacional

    Pero cuando Reyes mostró sus intenciones de quedarse en el poder de forma indefinida, varios jóvenes liberales y conservadores propiciaron protestas populares que lo obligaron a renunciar. Su grupo, llamado la Unión Republicana, apoyó a Carlos E. Restrepo, quien fue nombrado Presidente por la Asamblea Constituyente. Sin embargo, este nuevo partido, que se planteaba como una alternativa política innovadora ante el bipartidismo imperante, duró poco. Para las elecciones de 1914 estaba bastante debilitado y en 1920 prácticamente había desaparecido.

    Luego del interregno republicanista, subió al poder el conservador José Vicente Concha. Durante su mandato la economía del país vivió un periodo difícil a causa de la Primera Guerra Mundial, que redujo bruscamente las exportaciones a Europa. Los conservadores mantuvieron la unidad y los liberales, su participación en el alto gobierno.

    Después vino Marco Fidel Suárez, quien tuvo que enfrentar la fuerte oposición de su copartidario, el joven Laureano Gómez, que lo obligó a dimitir en 1921, tras acusarlo de vender su sueldo. La oposición hizo que los puestos del alto gobierno fueran entregados a sus más allegados y la alta jerarquía eclesiástica participó constantemente en los asuntos de Estado. Los conflictos sociales fueron duramente reprimidos y la imagen del gobierno de Suárez resultó fuertemente criticada.

    La iglesia y la política

    Desde finales del siglo XIX, tras la firma del Concordato en 1887 que le otorgó el control de la educación, de las misiones y la autoridad moral del país, la Iglesia católica se puso del lado del Partido Conservador. Desde los púlpitos o en sus cartas pastorales, los párrocos y obispos llamaban al pueblo conservador a votar y apoyar al partido azul, e incluso invitaban a los feligreses a atacar a los liberales y condenaban el programa del partido rojo como anticlerical y masón. Era tal el poder de la Iglesia, que los candidatos conservadores a la Presidencia debían contar con el visto bueno del Arzobispo Primado de Bogotá, quien se aseguraba de que el hombre escogido fuera católico practicante y que mantuviera el compromiso de preservar los principios cristianos en el gobierno.
    En 1929, Monseñor Ismael Perdomo, Primado de Bogotá, actuó de forma ambigua apoyando sucesivamente al general Alfredo Vásquez Cobo y luego a Guillermo Valencia, lo cual, unido a los apoyos divididos de los congresistas conservadores entre los dos candidatos, originó la división conservadora que permitió el triunfo del liberal Enrique Olaya Herrera.

    El punto más elevado de la prosperidad económica de Colombia durante la Hegemonía Conservadora llegó en la década de 1920, cuando Estados Unidos pagó la indemnización de 25 millones de dólares por la separación de Panamá, con lo que el crédito externo creció de manera inusitada. El gobierno de Pedro Nel Ospina logró organizar las finanzas públicas al traer una misión dirigida por el economista Edwin Kemmerer, que recomendó crear el Banco de la República y la Contraloría General de la Nación. Los dineros se invirtieron en obras de infraestructura, con la idea de ampliar el sistema ferroviario y de vías. El buen manejo fiscal de Ospina hizo que crecieran las inversiones extranjeras y las exportaciones de café, lo que impulsó a su vez el desarrollo industrial.

    No obstante, los años 20 también vieron surgir conflictos sociales caracterizados por las protestas sindicales, campesinas y estudiantiles, que en la práctica avivaban al mismo tiempo los enfrentamientos partidistas entre liberales, conservadores y socialistas, cuyo resultado siempre cobraba vidas humanas. El último gobierno de la Hegemonía Conservadora no estuvo determinado por el entusiasmo modernizador y los discursos de progreso propios de los gobiernos de Rafael Reyes, Carlos E. Restrepo y Pedro Nel Ospina. El exacerbado conservadurismo de Miguel Abadía Méndez no le permitió medir las consecuencias de los cambios. Eso, unido a la ausencia de sensibilidad social, le trajo consecuencias irreversibles a la hegemonía del conservatismo. A lo anterior se le sumó la crisis estructural del capitalismo luego de la caída de la bolsa de valores de New York y las consecuencias recesivas para la economía nacional.

    Como si eso fuera poco, la Gran Depresión mundial de 1929 secó las fuentes de crédito internacional. Esto generó en Colombia una crisis en el empleo, el sector financiero y en la rentabilidad de los negocios y de las transacciones comerciales. A ello se le añadió que las élites conservadoras hicieron caso omiso de las reivindicaciones sociales de las nuevas clases trabajadoras, y más bien se empeñaron en incorporar al país la tecnología propia del desarrollo capitalista, sin cambiar la estructura tradicional donde la Iglesia y la religión eran las garantes del orden social. Este factor fue la causa principal de la crisis de legitimidad que privó a los conservadores del poder en las elecciones de 1930.

    La República Liberal

    LA OPOSICIÓN CONSERVADORA
    Nuevas caras, viejas prácticas

    Una vez los liberales llegaron al poder, realizaron las mismas prácticas de exclusión política que habían aplicado los conservadores durante 44 años. Despidieron a los funcionarios públicos de origen conservador, nombraron alcaldes liberales en pueblos conservadores y obstaculizaron el proceso de cedulación de los militantes del partido azul. En respuesta, el Partido Conservador declaró la abstención electoral en las elecciones presidenciales de 1934, denunció las trabas en la entrega de las cédulas a sus partidarios, y consideró el hecho como un fraude electoral que hacía ilegítimo el triunfo de los liberales. Frente a esto, los conservadores organizaron convenciones, dictaron conferencias y dieron declaraciones a través de la prensa; además, crearon fuertes debates en el Congreso, y llamaron a sus seguidores a hacer “invivible la República”. Como resultado, la violencia estalló en regiones como Boyacá y Santander.

    Carta del Directorio Conservador. Agosto 6 de 1938

    “En las elecciones populares que se han verificado desde 1934, el Partido Conservador no ha podido participar por imposibilidad física invencible; por una parte, por la carencia de cédula electoral para inmenso número de sus electores, y por otra, el ambiente de violencia preponderante en muchas regiones del país, de indiscutibles mayorías pertenecientes a nuestro partido, hicieron nugatorio el derecho del sufragio para los pocos conservadores provistos de cédula… Desalojado el Partido Conservador de la vida pública de Colombia, a espaldas suyas se han llevado a cabo reformas constitucionales y legislativas, que lesionan lo más profundo de sus convicciones religiosas y filosóficas…”.

    La decantada unión conservadora. Fantoches. Bogotá, agosto 15 de 1931.

    En la República Liberal se abrieron manifestaciones políticas, culturales y sociales que hasta entonces eran censuradas. Crecieron las diferencias con la Iglesia, que perdió parte de su influencia en el país. El Partido Liberal en el poder se enfrentaba al hecho de que el fascismo progresaba con fuerza en Europa, mientras el comunismo soviético prometía la revolución mundial.

    Esta última amenaza pesó más y el nuevo gobierno decidió reconocer el movimiento obrero en Colombia, despenalizar las huelgas y crear la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). La Ley 200 de 1936 fue una intención real de Reforma Agraria, y al mismo tiempo se concretó el proyecto de Seguridad Social más importante de la primera mitad del siglo XX. También se desarrolló el segundo proyecto de modernización industrial y productiva del país, con la llegada de empresas extranjeras, y de modernización de la agricultura extensiva en distintas regiones del país, entre otras reformas y cambios.

    El primer gobierno de la República Liberal, a cargo de Enrique Olaya Herrera, tuvo que afrontar la crisis económica heredada del último mandato de la Hegemonía Conservadora. Además, al desplazar a los conservadores de los cargos públicos y liberalizar la administración del Estado, debió manejar la crisis política resultante. Asimismo, tuvo que enfrentar una guerra con el Perú en 1932, que exaltó los sentimientos nacionales, postergó el estallido de la violencia partidista y terminó por precisar los límites territoriales de las dos naciones en el trapecio amazónico. Muchos historiadores han magnificado el gobierno de Alfonso López, ignorando que las bases de la Revolución en Marcha se encuentran en Olaya Herrera. Ejemplo de ello es la reforma educativa que se inició en 1932.

    El siguiente presidente liberal, Alfonso López Pumarejo, lanzó la Revolución en Marcha, un paquete de reformas destinadas a modernizar las estructuras económicas y sociales para la expansión del capitalismo. Además, propuso una Ley de Tierras (Ley 200 de 1936), para democratizar las propiedades rurales y disminuir los conflictos agrarios. No obstante, a lo largo de su mandato debió enfrentar la oposición de la dirigencia conservadora en cabeza de Laureano Gómez y de un sector del liberalismo.

    El político y periodista liberal Eduardo Santos reorganizó la deuda pública, el catastro, estableció un modelo económico de cooperación con los Estados Unidos a partir de la regulación de las deudas y de la política cambiaria por el Banco de la República, y creó el Instituto de Crédito Territorial para favorecer a la población rural del país. El gobierno adoptó posturas convergentes con Estados Unidos en materia de política exterior, pero sobre todo en el marco de la tensa calma que presagiaba vientos de guerra en el mundo.

    El segundo mandato de López Pumarejo estuvo inscrito en el marco de la Segunda Guerra Mundial y sus efectos para la economía nacional. En este periodo abandonó los presupuestos de la Revolución en Marcha y debió enfrentar la contrarrevolución iniciada por el conservatismo y algunos sectores del liberalismo. Desde el Congreso, la voz de Laureano Gómez y de otros líderes conservadores tildaban al gobierno de López de socialista, masón y asesino.

    El clima de polarización política llegó a su clímax cuando López fue apresado por un movimiento militar en Pasto. El levantamiento de la soldadesca no prosperó, y los golpistas fueron arrestados y juzgados. Sectores populares y comunistas apoyaron al presidente y él, en contraprestación, realizó la más importante de las reformas laborales que se han hecho en el país.

    El 19 de julio de 1945, López Pumarejo presentó renuncia de su cargo al Congreso de la República, que fue aceptada el 31 del mismo mes, y como primer designado fue elegido Alberto Lleras Camargo, quien ocupó la Presidencia para lo que restaba del periodo.

    El gobierno interino de Lleras le dio participación a los conservadores en tres carteras y solicitó al Congreso adelantar una reforma constitucional para planificar el desarrollo económico del país. Fue el último presidente de esa racha de gobiernos liberales, pues en 1946 el liberalismo se dividió y fue elegido el conservador Mariano Ospina Pérez.

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