Oro negro

Un pueblo que a finales del siglo XIX apenas figuraba en los mapas del país se convirtió, en menos de diez años, en el corazón petrolero y sindicalista de Colombia.

Por Editorial
Bicentenario


Fotografía: Pozo petrolero en la región del Catatumbo, explotado por la empresa norteamericana Colombian Petroleum Company. Década del 50. Cúcuta a través de la fotografía. 2004.

La propiedad del subsuelo, según la Constitución de 1886

Art. 202. Pertenecen a la República de Colombia: 2. Los baldíos, minas y salinas que pertenecían a los Estados cuyo dominio recobra la Nación, sin perjuicio de los derechos constituidos a favor de terceros por dichos Estados, o a favor de estos por la Nación a título de indemnización.

Si bien desde la Conquista algunos indígenas les mostraron a los españoles un aceite que brotaba de la tierra, que sirvió para calafatear las embarcaciones fluviales, la explotación comercial de petróleo comenzó en 1893, cuando Manuel María Palacio y David López perforaron de forma rústica un vertedero en Tubará, cerca a Barranquilla. Estos aventureros alcanzaron a producir la modesta cantidad de 50 barriles de petróleo por día.

El impulso de Palacio y López duró poco tiempo y terminó por ser una anécdota en la historia del petróleo en Colombia, que comenzó oficialmente en 1905, cuando Rafael Reyes, un presidente visionario, decidió entregar las primeras concesiones para explorar y extraer el hidrocarburo.

Roberto de Mares recibió la más importante, pues abarcaba la región de Barrancabermeja, a orillas del río Magdalena. De Mares sabía lo que hacía. José Joaquín Bohórquez, un veterano de la Guerra de los Mil Días, había explorado la región y en 1905 le entregó unas muestras de petróleo obtenidas en los pozos de Las Infantas, en cercanías de un caserío conocido como Puerto Santander o Barrancabermeja. Ni corto ni perezoso, el bogotano De Mares, de ascendencia francesa, hizo a un lado a Bohórquez (quien después de un largo litigio obtuvo una pensión vitalicia del gobierno) y buscó que su amigo Reyes le entregara la concesión. La obtuvo a finales de 1905, y durante casi diez años intentó de manera infructuosa buscar capitales para perforar y explotar los campos.

La Ley 37 de 1931 fue revisada y aprobada por un experto norteamericano para garantizar que se respetaran y protegieran los intereses de Estados Unidos en la industria del petróleo.

La angustia se apoderó de él, pues por esa época tanto compañías extranjeras como inversionistas colombianos estaban detrás del promisorio negocio del petróleo, y temía que, ante la falta de resultados, el gobierno le quitara el derecho de explotación. Sabía que meses antes de recibir la concesión Reyes había entregado otra en la región del Catatumbo a su amigo el general conservador Virgilio Vargas, veterano de la Guerra de los Mil Días, y que otros empresarios colombianos habían empezado en la costa incipientes proyectos de exploración y refinamiento de crudo que traían de Estados Unidos para producir querosene.

Sin petróleo no hay empréstitos: El capital y el crédito estadounidense que necesitaba la economía nacional a finales de los veinte llegó luego de la expedición de la Ley 37 de 1931 sobre petróleo. En la foto: Explotación de la estadounidense Colombian Petroleum Company en la región del Catatumbo, década de 1950.

En 1915, De Mares obtuvo otra prórroga. Era su año de suerte, pues por esa época conoció por casualidad al especulador norteamericano John Leonard, quien se encontraba en el país en un viaje de descanso. A su regreso a Estados Unidos, Leonard convenció a los inversionistas norteamericanos George Crawford, Joseph Trees y Michael Benedum de invertir en el proyecto. Luego de visitar Barrancabermeja, fundaron en 1916 la Tropical Oil Company (Troco), en Wilmington, Estados Unidos, y comenzaron trabajos de exploración y perforación. Se dice que De Mares recibió 400.000 dólares por ceder los derechos a la nueva empresa.

Asegurado el capital suficiente para comenzar a extraer el crudo, quedaba por solucionar el traspaso de la concesión de De Mares a la Troco, lo que no era nada fácil. Durante las dos primeras décadas del siglo XX, una parte del país experimentó un aire nacionalista por causa de la separación de Panamá y no veía con buenos ojos la llegada de compañías norteamericanas. Incluso, las élites del país no estaban de acuerdo con el Tratado Urrutia-Thompson firmado en 1914, en el que se estipulaba el pago de 25 millones de dólares de indemnización a Colombia. Así el presidente José Vicente Concha quisiera autorizar el traspaso, el ambiente en la opinión pública no era favorable.

Pero para 1918, el acuerdo seguía sin ser ratificado por el Congreso de Estados Unidos y con ello se mantenía congelada la millonaria compensación por la pérdida de Panamá. Por eso, la necesidad de recursos llevó al gobierno de Concha a aprobar que fuera cedida la concesión de De Mares y otras relacionadas con inversión norteamericana.

Barranca rebelde

Al poco tiempode haberse iniciado las labores de explotación de Barrancabermeja, apareció el movimiento obrero. Las nefastas condiciones en las que laboraban los trabajadores y los malos tratos a los que eran sometidos por los capataces, unido a la difusión de las ideas comunistas producto del triunfo de la Revolución Rusa, hicieron de los campos petroleros de la Tropical Oil Company (Troco) un campo fecundo para la organización y la protesta.

A inicios de la década de 1920 llegó a Barranca Raúl Hernando Mahecha, líder comunista colombiano, para asesorar a los trabajadores de la Troco en la formación de un sindicato. En 1923 fue fundada la Sociedad Unión Obrera, la primera organización sindical de la industria petrolera. Una década después esta se transformaría en la Unión Sindical Obrera (USO), que tendría un papel importante no solo en las reivindicaciones laborales de los trabajadores del país, sino en la creación de Ecopetrol.

En 1921, la Troco, que ya explotaba el campo Infanta, fue comprada por la poderosa compañía Standard Oil de Nueva Jersey, que comenzó a extraer petróleo en forma sostenida. La bonanza petrolera convirtió a Barrancabermeja, de la noche a la mañana, en una de las regiones más importantes del país. En 1922, una comisión de la Cámara de Representantes fue a la zona y después expidió la Ley 5 que la convirtió en municipio. Atraídas por la fiebre del petróleo, empezaron a llegar miles de personas, entre aventureros, campesinos y colonos. Tras esa tropa de trabajadores llegaron prostitutas y comerciantes que veían en el petróleo la materialización de sus sueños de riqueza. De un pequeño caserío de algunos cientos de personas, Barrancabermeja pasó a tener 40.000 personas a finales de la década de 1930, cuando sus pozos producían casi 17.000 barriles al día. Colombia ocupaba el octavo puesto de la producción mundial, con el 1,19 por ciento.

Pero no todo era felicidad en el pueblo. Aunque la Troco pagaba a sus trabajadores los mejores salarios del país, estos no eran suficientes para soportar las deficientes condiciones laborales y el ambiente de segregación instaurado por los jefes, provenientes del exterior. Mientras estos vivían en casas cómodas, los trabajadores tenían que acomodarse en aposentos insalubres. Desde muy temprano la empresa tuvo que enfrentar huelgas de trabajadores (como las de 1924, 1927, 1934, 1938 y 1947) que, con el apoyo de dirigentes del Partido Socialista Revolucionario y posteriormente con el Partido Comunista, pedían mejores condiciones de trabajo.

Así, en medio de un ambiente económico próspero pero socialmente combativo, a comienzos de la década de 1940 se inició el debate en el gobierno y en la opinión pública sobre la posibilidad de revertir la concesión al Estado. De esta forma, en 1941, el gobierno entabló ante la Corte Suprema de Justicia una demanda que buscaba echar atrás la concesión de De Mares en 1946, y no en 1951, como lo sostenía la Troco. El fallo fue desfavorable a la Nación, que tuvo que esperar hasta ese año para volver a controlar los pozos de Barrancabermeja. Pero en ese periodo de espera, el gobierno decidió en 1948 crear la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol), que en 1951 se encargó de los pozos Las Infantas y le dio vida a una de las compañias más importantes de la economía del país.

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