País urbano

Desde la conquista, Colombia nació en pueblos y ciudades sembrados en un campo inmenso.

Por Fabio Zambrano P.
Historiador y profesor de la Universidad Nacional.


Fotografía: Cartagena, Museo Nacional

Cartagena fue, casi desde su fundación, la ciudad más importante hasta la independencia.

Más del 70 por ciento de los colombianos viven en ciudades, pueblos y aglomeraciones urbanas. Y aunque la mayoría lo considera un fenómeno nuevo, realmente comenzó hace cinco siglos. La historia explica cómo se conformó el país: los españoles conquistaron y consolidaron la Nueva Granada fundando ciudades, como en el resto de Hispanoamérica, porque, como Roma, España quiso crear su imperio a partir de ciudades, en una especie de ordinem urbana.

Las capitulaciones, los contratos que los conquistadores firmaron con la Corona, los obligaban a fundar un nuevo núcleo urbano para tomar posesión y explotar los territorios, recursos y pueblos dominados. En buena medida, este hecho ponía fin a las guerras de conquistas y convertía al conquistador en un habitante urbano más que debía regirse por las instituciones de gobierno local.

Fundación de algunas ciudades de Colombia

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  • 1510

    Santa María de la Antigua del Darién

    Martín Fernández y Vasco Núñez

  • 1525

    Santa Marta

    Rodrigo de Bastidas

  • 1533

    Cartagena

    Pedro de Heredia

  • 1536

    Santiago de Cali

    Sebastián de Belalcázar

  • 1537

    Pasto

    Sebastián de Belalcazar

  • 1539

    Tunja

    Gonzalo Suárez R.

  • 1539

    Neiva

    Juan de Cabrera

  • 1540

    Cartago

    Jorge Robledo

  • 1545

    Riohacha

  • 1549

    Pamplona

    Pedro de Ursúa

  • 1690

    Quibdó

    Manuel Cañizales

  • 1733

    Cúcuta

    Juana Rangel

  • 1867

    Leticia

  • 1936

    Mitú

    Miguel Cuervo A

    El trazado físico simbolizaba las diferencias entre las ciudades hispanoamericanas frente a las portuguesas, anglosajonas o francesas en este continente. En efecto, mostraba la idea de orden: manzanas y plazas cuadradas, con ángulos rectos; aguas canalizadas y un centro convertido en representación del poder. La ciudad era una metáfora del cielo: la centralidad de la plaza mayor expresaba el principio de que la tierra estaba en el núcleo del universo.

    Hasta la fundación de Santa Marta (1525), el espacio conquistado en el país se reducía a las costas, llamadas vagamente “tierra firme”. En esta etapa antillana y caribeña los núcleos urbanos tuvieron escasa relevancia: no se trataba todavía de ejercer un dominio político, sino de acumular el botín resultante de las correrías y cabalgatas depredadoras. Algo que cambió con la fundación de Cartagena (1533) y Santa Fe de Bogotá (1538).

    El éxito de la conquista y el poblamiento de tierra firme se basó en cuatro factores, íntimamente relacionados entre sí: la gran movilidad de las huestes españolas y su versatilidad en la guerra, el apoyo que recibieron de algunas comunidades indígenas, la puesta en práctica de modelos urbanos específicos y de fácil construcción, y la importación del gobierno municipal en el Nuevo Mundo.

    En estas y otras ciudades, el poder de la Corona y el poder local entraban en contacto principalmente por medio del cabildo, último eslabón estructural en el que se hacía presente la autoridad real. Esta forma de gobierno urbano se transformaría, muy pronto, en el aparato clave para organizar y regular el funcionamiento de las ciudades. En América se proyectó, a manera de continuación, el municipio castellano medieval, en el que cada nueva fundación –o poblado conquistado en el caso de España– se regía por normas concretas con los modelos de Sevilla y Valladolid. Cada año, los vecinos notables elegían a los miembros del cabildo o provincias, quienes se encargaban, entre otras cosas, del abastecimiento de la localidad, las obras públicas y el cuidado de ejidos y bosques. Con el tiempo, los cabildos americanos comenzaron a fijar sus propias regulaciones. En cuanto a las ordenanzas de esta institución, tenían que ver con asuntos prácticos de la vida cotidiana de los urbanitas. Los regidores (cabildantes) se elegían en número de cuatro, ocho o doce, dependiendo de la categoría de las ciudades.

    Entre 1536 y 1560 se desintegraron los grupos militares originales y surgieron bandas independientes que empezaron a deambular por el territorio en busca de oro. Las fundaciones se multiplicaron por doquier y comenzó la penetración hacia el interior a partir de las bases de Cartagena y Santa Marta. En este proceso se presentaron frecuentes enfrentamientos entre las bandas que competían por el botín.

    A pesar de su sed de adquirir riquezas y de expoliar a los nativos, el conquistador español no descuidó el aspecto formal y legal de sus actividades. Siempre combinó el saqueo con el cumplimiento de los requisitos de la Corona para recibir los derechos sobre las tierras, los indios y las riquezas que lograra acumular.

     

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    Iglesia de San Pedro, catedral de Cali

    Iglesia de San Pedro, catedral de Cali

    Cali, sembrada entre Popayán y Cartago, es un buen ejemplo de la pugna que siempre existió por ser la ciudad preponderante de una región. Crédito: Dibujo de Barclay según dibujo de É. André. Le Tour du monde, 1879.

    Mompox

    Mompox

    Ubicada a orillas del río Magdalena, la villa de Mompox fue  durante la colonia el principal puerto fluvial de la Nueva Granada. Crédito: Edward Walhouse Mark, 1845 – Banco de la República

    Casas a la entrada de Popayán

    Casas a la entrada de Popayán

    Popayán fue desde la conquista y la colonia una de las grandes ciudades. La independencia rompió su importancia. Crédito: Dib. de RiouLe Tour du monde, 1879.

    • Iglesia de San Pedro, catedral de Cali
    • Mompox
    • Casas a la entrada de Popayán
    • Iglesia de San Pedro, catedral de Cali

      Cali, sembrada entre Popayán y Cartago, es un buen ejemplo de la pugna que siempre existió por ser la ciudad preponderante de una región. Crédito: Dibujo de Barclay según dibujo de É. André. Le Tour du monde, 1879.

    • Mompox

      Ubicada a orillas del río Magdalena, la villa de Mompox fue  durante la colonia el principal puerto fluvial de la Nueva Granada. Crédito: Edward Walhouse Mark, 1845 - Banco de la República

    • Casas a la entrada de Popayán

      Popayán fue desde la conquista y la colonia una de las grandes ciudades. La independencia rompió su importancia. Crédito: Dib. de RiouLe Tour du monde, 1879.

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    • Mompox
    • Casas a la entrada de Popayán

    TIPOS DE CIUDADES

    Entre las ciudades fundadas encontramos tres tipos: los puertos marítimos, verdaderas bases militares de conquista que sirvieron de punto de apoyo del intercambio de gentes y mercancías con la metrópoli, y se convirtieron después en los ejes de las comunicaciones entre el interior y el exterior. Por el acoso pirata y las guerras con los otros imperios, España decidió amurallar el puerto más importante, Cartagena. Como en estas ciudades la actividad más importante se derivaba del puerto, su centralidad no se organizaba desde la plaza mayor, sino desde el mercado, como se puede observar en las trazas de Cartagena, Santa Marta y Riohacha. En los puertos fluviales, como Mompox y Honda, la traza urbana resultaba de la forma del río. Todos los puertos fluviales recibieron el título de villa, ninguno el de ciudad, para evitar la competencia jerárquica con los puertos marítimos.

    93 centros urbanos, entre ciudades, villas y parroquias, habían en 1550 en la Nueva Granada.

    En el segundo tipo, las ciudades administrativas como Santa Fe de Bogotá, Tunja, Pamplona, Pasto, Popayán, el modelo urbano español se aplicó de manera ortodoxa: la centralidad de la plaza, su amplitud, los edificios de servicios públicos y religiosos en el marco de la misma, así como los ciudadanos de mayor poder. El control de la mano de obra indígena les permitió contar con un soporte, casi gratuito, para construir conventos, monasterios, iglesias, capillas, y para apoyar el funcionamiento de la ciudad en el abasto de leña y oficios claves para la vida cotidiana.

    El tercer tipo, las ciudades mineras, respondía al interés principal de los españoles de obtener oro y plata. De ahí, la rápida sucesión de fundaciones como Santa Fe de Antioquia, Cáceres, Remedios, Zaragoza, Toro, Mariquita y Muzo, entre muchas otras. La suerte de estos centros dependía de la evolución de los placeres auríferos. En un principio, durante el siglo XVI, el trabajo en las minas redujo o en algunos casos extinguió la población indígena. Para suplir esta mano de obra, apareció la esclavización, lo que introdujo un cambio en las sociedades allí formadas.

    La historia del Nuevo Reino de Granada fue, en gran medida, la historia de Cartagena, Tunja, Santa Fe de Bogotá, Mompox, Popayán y Santa Fe de Antioquia, así como Santa Marta, Pasto, Ibagué y Honda. La ciudad, con su infraestructura de servicios y de mercado, ejerció un dominio material y cultural indiscutible sobres sus extensiones rurales. El poder en todas sus expresiones tuvo su residencia en la ciudad. El mundo rural estaba supeditado al poder urbano.

    En 1550, esta primera red contaba con unos 93 centros urbanos entre ciudades, villas y parroquias; de estas, cerca de 60 ciudades y villas controlaban unos 170.000 indígenas tributarios con un número muy reducido de españoles en Santa Fe. En la capital había 600 hogares de peninsulares; en Cartagena, 250; en Tunja, 200;en Mompox, 21. Este desbalance permite entender por qué surgió el amplio mestizaje del siglo XVIII.

    Muchas de estas ciudades y villas, creadas bajo la dinámica militar de la conquista, no tenían futuro como núcleo urbano. Solo unas pocas pudieron crecer y consolidarse tras superar el duro siglo XVII. La contracción demográfica que generó el cambio climático de ese periodo golpeó fuertemente a las ciudades que dependían de la población esclavizada, como las urbes mineras, y menos a las que aprovechaban la mano de obra indígena.

    Luego, cuando el clima más benigno impulsó la recuperación demográfica, el país registró en la segunda mitad del siglo XVIII una oleada única de surgimiento de centros urbanos. Cerca de una cuarta parte de los actuales municipios colombianos se establecieron en ese momento, en especial en vertientes cordilleranas como Manizales, Pereira, Armenia, Bucaramanga. Esto demuestra que el clima, al igual que la geografía, ha incidido en la suerte de las ciudades y que muchas de ellas necesariamente están atadas a ciertos ciclos económicos o productivos.

    OTRAS CIUDADES

    Uno de los primeros puertos españoles en el continente fue Santa Marta, en 1525. Su catedral fue construida en 1765, retratada por Walhouse en 1844 y, aún en pie, fue la primera basílica suramericana. Crédito: Edward Walhouse Mark, 1844 – Banco de la República

    Ahora bien, dos fuerzas surgieron como factores determinantes de la primacía urbana durante el siglo XIX. Una, la independencia, que arrasó con los puertos caribeños. Cartagena sufrió un colapso que la postró toda esa centuria, para solo recuperarse a principios del siglo XX de la mano de la exportación del petróleo y petroquímicos. Popayán y Pasto, al igual que otras más pequeñas como Socorro, Pamplona o San Gil, languidecieron desde entonces.

    La segunda razón de los auges urbanos se encuentra en la economía cafetera. Cúcuta, por ejemplo, ascendió rápidamente hasta convertirse en una poderosa urbe, con una pujante migración extranjera que la transformó en la primera ciudad cosmopolita de Colombia. Lo mismo ocurrió con Barranquilla, que relevó a Cartagena como puerto de exportación y metrópoli regional gracias al creciente ritmo de las exportaciones del grano. En la cordillera Central, el cultivo y exportación de café convirtieron a los pueblos de las colonizaciones en modernas ciudades. Bogotá, como centro administrativo del país, también se benefició del cultivo del café. Gracias a este arbusto, las microeconomías y negocios desarrolladas a su alrededor impulsaron la modernización que hizo que muchas pasaran de pueblos a ciudades. Esto se hace sentir en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga, que controlaron los mercados de sus regiones, condición básica para iniciar los procesos de industrialización. Todas estas ciudades vivieron un auge de urbanizaciones modernas, como los barrios El Prado de Barranquilla, Laureles en Medellín o Teusaquillo en Bogotá.

    Estos cambios generaron transformaciones radicales en la fisonomía urbana, especialmente en las décadas de 1920 y 1930, cuando creció notablemente la población urbana causada por la ola migratoria hacia aquellas metrópolis que surgían como nuevos polos económicos. Sin embargo, las ciudades no podían ofrecer vivienda ni servicios aceptables, y por ello el crecimiento urbano estuvo acompañado de una fuerte exclusión social de buena parte de sus habitantes, cuyos barrios informales son la cara más visible de este proceso.

    En la segunda mitad del siglo XVIII, el cambio climático favoreció la más grande oleada de fundaciones de ciudades en la historia de Colombia.

    Ahora bien, las grandes migraciones del campo a la ciudad han tenido varias causas. En primer lugar, las ciudades atraen para mejorar las condiciones de vida, gracias a los servicios públicos, la educación y, por supuesto, la oferta de empleo. A su vez, el campo expulsa debido a que cada vez se requiere menos campesinos para producir más alimentos, resultado de la mecanización de la agricultura, del empleo de los abonos químicos y de la extensión del transporte. Por otro lado, las violencias han contribuido a despoblar el campo y a concentrar la propiedad territorial. Y la creciente importación de alimentos puso lo suyo.

    Como resultado de todo este proceso se consolidaron cinco ciudades metropolitanas: Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali y Bucaramanga, además de otras que se suman a la dispersión de las primacías urbanas, como Cartagena, Pereira, Manizales, Cúcuta, Santa Marta y Montería, entre otras.
    Colombia ofrece un paisaje urbano bien diferente del promedio latinoamericano, que tiene una fuerte tendencia a concentrarse en una sola ciudad. Hace unas décadas se hablaba de que el sistema urbano colombiano se organizaba a partir de la cuadricefalia urbana: cuatro metrópolis nacionales y un amplio número de ciudades intermedias. Sin embargo, recientemente se nota el crecimiento de ciudades intermedias que ponen en duda esa idea. Es el caso de Montería y Valledupar en el Caribe; de Manizales, Pereira, Armenia e Ibagué en la cordillera Central; Villavicencio y Yopal en el oriente; y el nuevo fenómeno de Bucaramanga. Pero Colombia es y ha sido un país de ciudades.

    ciudades, conquista, mineras, parroquias, puertos, villas

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