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Para entender a Boyacá

El patrimonio de este departamento comprende vestigios indígenas, libros, novelas y obras de arquitectura. Todos ellos permiten comprender y descifrar la cultura boyacense. 

Por Semana Historia

Fotografía: Campesina. León Ruiz, 1978 – BPP

‘Siervo sin tierra’

‘Siervo sin tierra’

Eduardo Caballero Calderón (1910-1993)

Eduardo Caballero Calderón presenta, en una de sus novelas más importantes, las paradojas que aún hoy constituyen a Colombia: la historia de un hombre y una mujer que trabajan toda su vida una tierra que no les pertenece, sin poder ver jamás el fruto de su esfuerzo; y el rapto del protagonista, Siervo Joya, por parte de una guerra que no entiende y que lo convertirá en poco menos que un monstruo. Aunque el periodista y escritor bogotano ubicó los sucesos de Siervo sin tierra en las vegas del río Chicamocha en Boyacá, esta historia, desde su lanzamiento en 1954, se hizo universal.

‘Elegías de varones  ilustres de Indias’

‘Elegías de varones ilustres de Indias’

Juan de Castellanos (1522-1607)

Soldado, clérigo, poeta e historiador, Juan de Castellanos escribió las Elegías de varones ilustres de Indias, el poema más largo en castellano con aproximadamente 113.609 versos. Lo compuso durante 27 años de trabajo en la villa de Tunja. Se dice que primero lo hizo en prosa para luego convertirlo en versos. Castellanos pretendía contar la epopeya de la civilización española en América. Se considera una fuente primaria fundamental para estudiar la conquista española, y es una de las primeras obras de la literatura colombiana.

Lanceros del pantano de Vargas

Lanceros del pantano de Vargas

Rodrigo Arenas Betancourt (1919-1995)

Esta monumental obra del maestro escultor Rodrigo Arenas Betancourt se encuentra en el municipio de Paipa, en el lugar aproximado donde se libró la batalla que lleva su nombre. Su inauguración en 1969 conmemoró el sesquicentenario del hecho heroico del 25 de julio de 1819, cuando 14 lanceros llaneros al mando del coronel Juan José Rondón decidieron el hecho de armas a favor de los patriotas, lo que les permitió seguir hacia Tunja y preparar la batalla definitiva del puente de Boyacá. Este monumento es uno de los íconos de la identidad boyacense, que se reclama como campeona y guardiana de la libertad en Colombia.

Credito: Roberto Africano

Capilla de los Mancipes

Capilla de los Mancipes

La construcción de la Catedral Metropolitana de Tunja comenzó en 1567 con tres naves con capillas laterales. Una de estas es la de los Mancipes, construida en 1598, decorada con un artesonado o techo de estilo mudéjar, de tradición árabe. Entre las imágenes de esta bella capilla se destacan un calvario tallado en madera, elaborado por Juan Bautista Vásquez, así como un par de pinturas que representan a La oración en el huerto y al Descendimiento de la cruz. Esta es una de las muchas joyas escondidas en la catedral de Tunja que han pasado desapercibidas hasta el presente y representan la religiosidad de esta sociedad.

Crédito: Karen Salamanca

Tejo o turmequé

Tejo o turmequé

El pasado del tejo es muy difícil de discernir, pues hay pocas fuentes confiables al respecto. Pero no cabe duda de que esta práctica procede de los muiscas y se ha conservado durante 500 años en la tradición popular. En las décadas de los veinte y los treinta fue reconocido por las élites políticas que lo convirtieron en símbolo nacional, dejando atrás los valores negativos asociados con él. De esta manera se convirtió, en 2000, en el deporte nacional y en parte de la identidad y el orgullo no solo de los boyacenses, sino de todos los colombianos.

Crédito: Andrés Camilo González

‘La rebelión de las ratas’

‘La rebelión de las ratas’

Fernando Soto Aparicio (1933-2016)

En 1962 Fernando Soto Aparicio le presentó a Colombia un retrato realista de la miseria en las minas de carbón. Con el relato de la trágica vida de Rudecindo Cristancho en la ficticia provincia minera de Timbalí, Soto Aparicio denunció el sacrificio del pueblo en el altar del carbón para el lucro de los inversionistas extranjeros. Esta obra fundamental de la literatura colombiana fue polémica desde su publicación, y sigue teniendo vigencia como denuncia de la trágica realidad boyacense y colombiana.

‘Afectos espirituales’

‘Afectos espirituales’

Francisca Josefa del Castillo y Guevara (1671-1742)

A los 18 años, la hija de un licenciado español abandonó su hogar y se recluyó en el convento de Santa Clara (Tunja), contra la voluntad de sus padres, para vivir la vida religiosa con la rigurosidad que ya imaginaba en su niñez. Esta joven era Francisca Josefa del Castillo, quien gracias al ascetismo y devoción de su vida en el convento, sublimaría su energía vital y crearía algunas de las páginas más relevantes del misticismo en Hispanoamérica. La mayoría de sus escritos se conservan en el volumen Afectos espirituales, toda una bitácora espiritual de su pasión y éxtasis místico.

Crédito: Anónimo- S. XIX – Banco de la República

‘Gotas de ajenjo’

‘Gotas de ajenjo’

Julio Flórez (1867-1923)

Este chiquinquireño le regaló al pueblo algunos de los versos más conocidos de la literatura colombiana, que se convirtieron en tradición. Es el caso del poema ‘No os enorgullezcáis…’ de su libro Gotas de ajenjo, publicado en 1911. Gracias a este y muchos otros trabajos, Julio Flórez ha sido reconocido como el poeta de Colombia, a pesar de las persecuciones políticas y religiosas que padeció. Su obra, reconocida por académicos y poetas, tiene además un gran arraigo popular.

Crédito: Banco de la República

‘Soy boyacense’

‘Soy boyacense’

Héctor José Vargas Sánchez (1921-1996)

“Soy boyacense de pura raza, / Amo a mi tierra como a mi mama, / Siempre de abrigo, cargo una ruana, / Hecha en el viejo telar de casa”, exclama la canción que se conoce como el himno popular de Boyacá. El sutamerchense Héctor José Vargas Sánchez la compuso junto con otras 153 canciones como A Villavicencio, Indiecita boyacense, Mi gran Colombia, Testamento sutano, Lotería de Boyacá, y muchas otras obras desconocidas de este genio musical. El maestro Vargas grabó por primera vez Soy boyacense en 1965, en el álbum Viva Colombia junto con Los Folclóricos.

Crédito: Álbum Röthilisberger – A.CH Universidad Nacional

Cestería en rollo  de Guacamayas

Cestería en rollo de Guacamayas

La tradición de la cestería en rollo proviene de los antiguos pueblos laches que habitaron la provincia de Gutiérrez. Los vestigios más antiguos se encuentran en algunas tumbas indígenas estudiadas por el arqueólogo Eliécer Silva Celis en 1943. Manuel Ancízar (1840) da noticia de algunas técnicas de tejidos y cestería en imágenes y en la elaboración del sombrero de cubo. La cestería de rollo evolucionó hacia 1975 con la adopción de diseños modernos, hasta que en 2009 recibió la denominación de origen de Guacamayas, reconocida a nivel internacional.

Crédito: Archivo particular

Carranga

Carranga

Dentro del espectro de la música popular, la carranga se destaca como una creación original y auténtica de la cultura boyacense, que se ha convertido, muy rápidamente, en uno de los componentes de la identidad del departamento. Esta música popular y campesina habla de la cotidianidad boyacense (llena de tradiciones y picardía), la crítica social, la política, el medioambiente, etcétera. Surgió a finales de la década de los setenta de la mano de Jorge Veloza, el Carranguero Mayor, y desciende directamente del merengue boyacense y la tradición oral. Su riqueza proviene de la inteligencia de sus compositores, y no del despliegue técnico, pues para interpretarse apenas necesita de guitarra, tiple, guacharaca, la voz y mucha ‘malicia’.

Crédito: Archivo particular

arquitectura, indios, literatura

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