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Tres ciudades, una cultura

Así se forjaron las tres más grandes urbes hijas del café: Manizales, Pereira y Armenia. Como buenas hermanas, tienen una raíz común, pero distintas formas de desarrollarse.

Por Ricardo de los Ríos Tobón
Academia Pereirana de Historia


Fotografía: Manizales- Gabriel Carvajal Pérez – BPP.

Quien tiene el gusto de visitar el Triángulo del Café y sus tres capitales, Manizales, Pereira y Armenia, bien pronto cae en la cuenta de que las tres ciudades tienen diferencias, a pesar de haberse desarrollado en la economía y cultura cafeteras. Aunque comparten una historia común y son hijas de la llamada colonización antioqueña, las tres capitales han tenido orientaciones diversas en su desarrollo histórico y muestran ahora una visión diferente de su futuro.

Y si ese visitante al que, con toda seguridad, han acogido con calidez en Caldas, Risaralda y Quindío, conoce la historia política del país, recordará que hasta hace 50 años los tres departamentos conformaban uno solo: el Gran Caldas, escindido en mediáticos enfrentamientos entre las ciudades hermanas. Sin embargo, esas diferencias nacieron casi desde su conformación.

Por razones históricas, Manizales creció más disciplinada, Pereira mucho más abierta y Armenia se desarrolló siempre tranquila.

La mayor en edad es Manizales, fundada en 1849 en su mayoría por colonos antioqueños y con fuerte presencia política de ese departamento. Claro que también formaron parte familias provenientes de Boyacá y Cundinamarca. Esta se convirtió en la segunda ciudad del estado soberano y luego departamento de Antioquia e, incluso, su capital provisional en alguna ocasión. La segunda es Pereira, con 155 años de edad. Una ciudad fundada en territorio del Cauca por dirigentes caucanos, con autoridades también caucanas, pero poblaba mayoritariamente por colonos paisas.

La tercera es Armenia, con 129 años, fundada por paisas en territorios baldíos del Cauca, donde prácticamente no había presencia de autoridades del estado soberano, y que, por estar ubicada sobre el camino del Quindío, desde joven recibió alguna influencia de gente del oriente colombiano. Es decir, Manizales es una ciudad muy formal desde el principio, Pereira tiene una dualidad de conformación y Armenia nace sin problemas de origen.

Pereira – Gabriel Carvajal Pérez – BPP

Manizales debió luchar su territorio metro a metro, con grandes propietarios que mostraban títulos traídos desde la colonia. Pereira se fundó en terrenos de un dueño que nunca reclamó y, además, recibió tierras en donación de otro propietario (que le dio el nombre al poblado) para expandirse. Y en Armenia, como todo era un baldío, no hubo lucha alguna por las tierras. Por eso Manizales creció más disciplinada, Pereira mucho más abierta y Armenia se desarrolló siempre tranquila.

Cuando llegó el café y encontró en esta fértil tierra de cenizas volcánicas, alta humedad y buena porosidad el hábitat perfecto para expandirse, entre 1870 y 1890, los tres poblados lideraron la siembra, el cultivo y la comercialización del grano en sus alrededores y capitalizaron en su beneficio el alto valor económico del producto, lo que les permitió convertirse, hacia 1920, en tres ciudades pujantes que ya figuraban como importantes en el mapa nacional.

Precisamente, el hecho de que fueran tres ciudades en el mismo departamento de Caldas hizo que Cali y Medellín sobrepasaran a Manizales, Pereira y Armenia no solo individualmente, sino como conjunto. Esto, porque en Caldas, desde principios del siglo XX, la riqueza cafetera y el poder económico que se desprendía del grano se dividieron entre tres, frente a lo ocurrido en el Valle y Antioquia, en donde todo se concentró en sus capitales. 

De hecho, cuando el café y la caña de azúcar en el Valle empezaron a irrigar riqueza económica y las utilidades se invirtieron en industria, estos dos departamentos concentraron su industria en sus capitales, mientras que en Caldas se repartía sus esfuerzos en tres frentes. De allí resultó que Caldas, como departamento, conservó su liderazgo económico hasta su escisión, en 1967, pero sus tres ciudades se venían rezagando desde mucho antes, con respecto a las grandes urbes de Medellín y Cali. 

Templo de la Inmaculada – Foto Navarro – BPP

A partir de la segunda década del siglo XX, las tres ciudades empezaron a mirar de manera diferente su futuro. Manizales, con problemas por su difícil ubicación, inicialmente fue comercial y después trató de buscar mercados internacionales, primero para el café y luego para su industria, al tiempo que su clase dirigente la convirtió en un centro universitario e intelectual. A su vez, Pereira, al estar físicamente en el centro del llamado Triángulo de Oro de la economía colombiana (el que forman Bogotá, Medellín y Cali) y que tenía facilidades de comunicaciones con todo el país, proyectó una visión comercial, política y socialmente más abierta de su futuro. Y Armenia, siempre tranquila aunque dinámica, se decidió a vivir de su café y de su condición de estar sobre la vía más importante del país, la que comunica el oriente, con Bogotá a la cabeza, con el occidente y con el mundo, a través del océano.

El resultado es que, cuando el café dejó de ser el principal motor de la riqueza nacional, después de 1960, las tres ciudades decidieron no quedarse atrás, al igual que su grano, y cambiaron su posición ante Colombia y ante su propio futuro. Manizales, consciente de sus dificultades de ubicación, dejó de preocuparse por su crecimiento poblacional y buscó darles a sus habitantes la mejor calidad de vida posible y ofrecerles la posibilidad de trabajar en una industria local proyectada hacia las exportaciones, menor a la de otras ciudades, pero suficiente para mantenerlos satisfechos, como lo proclaman las estadísticas. 

Pereira, por su parte, que ha absorbido una gran cantidad de población desplazada por la violencia política, se la jugó por ser una ciudad grande, espiritualmente más libre y cosmopolita, que gira alrededor del comercio y que absorbe, por su especial ubicación, a las ciudades vecinas hasta conformar una gran conurbación de comercio y de servicios. Finalmente, Armenia encontró de pronto que no podía seguir viviendo tranquilamente del café, esperando la cosecha o la mitaca. Descubrió en su hermoso paisaje, estupendo clima y su pasado cafetero un potencial que le permitió convertirse en epicentro de un turismo personalizado y amigable.

Recientemente, con la declaración del Paisaje Cultural Cafetero, las tres ciudades han quedado como líderes del manejo de este inmenso proyecto que apenas empieza a darle frutos al país y que conservará la cultura cafetera que Manizales, Pereira y Armenia lideraron durante muchos años, como uno de los tesoros humanos de Colombia y del mundo. Ello, sumado a la atracción turística que el Eje Cafetero viene incrementando en el país, más el interés de las autoridades locales por hacer de sus ciudades unos ‘buenos vivideros’, mediante posibilidades de trabajo, servicios urbanos y limpio manejo administrativo y fiscal; todo ello valoriza humana y económicamente la región del Triángulo del Café.

Por eso, las tres más grandes ciudades hijas del café, Manizales, Pereira y Armenia, seguirán siéndolo y mirarán al futuro con visiones modernas, y con buena vida para sus habitantes y para sus numerosos visitantes.

Tierra de sismos: Fuertes terremotos han golpeado al Triángulo del Café, como los de 1979 y 1995. El más catastrófico ocurrió el 25 de enero de 1999, que afectó a varias poblaciones, en especial Armenia, donde muchos edificios y barrios quedaron destruidos. Otra daminificada fue la economía. La clase empresarial, medianos y grandes caficultores, el Estado y sus habitantes lograron reconstruirlo con la ayuda de nuevos negocios, como el turismo y parques temáticos, los cafés especiales, servicios, comercio e industria, o la construcción.  Archivo Semana.

Eje cafetero

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