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Un pueblo llamado wayuu

Forjado por las migraciones de los arawaks, los wayuu han sobrevivido durante siglos por la fuerza de su cultura y su capacidad para el comercio.

Por Francisco Justo Pérez van-Lenden* y Natalia Pérez Jaramillo**
*Magíster en etnolingüística y profesor de la Universidad de La Guajira /
**Magíster en medioambiente y abogada del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible


Fotografía: La cría de animales convirtió a los wayuu en el único pueblo amerindio dedicado al pastoreo. Milciades Cháves. Cortesía Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

270.413 personas se reconocen como pertenecientes al pueblo wayuu, el de mayor población indígena del país.

Lo que hoy conocemos como pueblo wayuu resultó de procesos migratorios que comenzaron en el Amazonas central, desde donde migraron pueblos de habla arawak (familia de lenguas indígenas americanas) hacia el norte de Suramérica. Según fuentes arqueológicas compiladas por Gerardo Ardila Calderón, entre los siglos I y VII d. C. ocurrieron por lo menos dos peregrinaciones. Una, desde la confluencia del río Orinoco con el río Apure, siguiendo este por el occidente y, una posterior, por el río Orinoco. En esta época también hubo migraciones de pueblos arawaks procedentes de las Antillas Menores como consecuencia de las presiones ejercidas sobre ellos por los karibs, quienes los capturaban para cultos.

Algunas cerámicas encontradas a lo largo del río Ranchería, en excavaciones realizadas en la zona del Cerrejón, dan cuenta de cómo estos pueblos se establecieron en la actual Guajira y alcanzaron su máxima densidad en los siglos I a VII d. C. De igual forma, en la serranía de Cocinas, afirma el arqueólogo Gonzalo Correal Urrego, aparecieron vestigios de herramientas de piedra y hueso. Estos demuestran, además, que en la península se asentaron cazadores recolectores, lo que confirmaría la existencia de una cultura de selva tropical.

Tras varios siglos, estas costas se convirtieron en un corredor cultural y lingüístico que permitió el asentamiento de pueblos diversos, hablantes de lenguas arawaks. Entre ellas se encuentran el añuuniki y el wayuunaiki, hablados por los añuu y los wayuu, respectivamente.

Breve glosario wayuunaiki

  • pütchipü’ü: palabrero
  • pinchi: casa
  • pinchipala: ranchería
  • mma: tierra
  • wo’ummaa’in: nuestra tierra
  • wo’ummaa’inpa’a: nuestra tierra desde siempre/patria wayuu
  • ¡ja, ware!: ¡hola, amigo!
  • jo’u: pequeño
  • jo’uchon: pequeñito
  • püchon: tu hijo
  • siruma: cielo/nube
  • palaa: mar
  • palaamüin: hacia el mar
  • aruleejüi: pastor
  • ejimajüi: pescador
  • aa’injülü: tejedora

Estos vestigios culturales, planteados por la arqueología, son corroborados en documentos históricos con los que Weildler Guerra Curvelo, antropólogo wayuu, afirma que en la conquista y colonia se produjeron enfrentamientos de indígenas habitantes de la península con los europeos, lo que demuestra la permanencia ancestral en La Guajira de este pueblo. Según Guerra, dentro de las fuentes de subsistencia, los nativos contemplaban el saqueo de las haciendas españolas para proveerse de caballos, asnos, vacas, cabras y ovejas.

Curiosamente, la cría de estos animales convirtió a los wayuu en el único pueblo amerindio dedicado al pastoreo. Esta actividad, unida al aprovechamiento de los bancos de perlas, les permitieron intercambiarlos por armas de fuego y otras mercancías con ingleses, holandeses y franceses, que frecuentaban sus costas. Con este trueque desarrollararon sus habilidades para comerciar, actividad que desde la colonia ha sido tipificada como contrabando.

Curiosamente, al tiempo que dirimían conflictos entre los propios grupos originarios, también lo hacían con los navegantes europeos; mientras con unos disputaban, con otros comerciaban. Esta ha sido una característica constante del grupo cultural de mayor población en la península: conflicto y comercio para vivir en paz. Durante la colonia y la república se fueron definiendo los asentamientos de grupos de habla wayuunaiki.

Ahora bien, como ninguna sociedad es estática ni uniforme, el paso del tiempo ha tenido transformaciones en las estructuras y en las formas de los wayuu. Entre el siglo XX y comienzos del XXI, hay tres grandes cambios: territorialidad, organización social y conciencia cívica y política.

La territorialidad, por ejemplo, ya no es la misma. El ‘territorio jurídico’ no tiene armonía con el ‘territorio sociocultural’ histórico. Los resguardos indígenas, reservas ecológicas y parques naturales tienen una extensión cercana a los 11.000 kilómetros cuadrados, algo así como el 52 por ciento de los 21.000 kilómetros que los wayuu creen necesarios para la protección integral de la vida de las poblaciones y sus culturas. Además, dentro de las amenazas hay actores, grupos y fuerzas distintas de los indígenas.


Grupo de chicas jóvenes. Motilones. Jesualdo de Bañeres. 1950


Nostalgia

“…la primera noche no pude dormir por los zancudos y me caí del chinchorro. Añoro la luz eléctrica y los programas de televisión. Me aburro demasiado y no me gusta bañarme en el río, veo el agua demasiado sucia. Solo duré una semana.
En cada asueto voy unos días y cada vez demoro menos. Cuando me encuentro con algún familiar en el mercado, me escondo para no saludarlo. Ni yo misma me explico este desafecto a mi raza. En la mañana vi a mamá con unos sacos de carbón de madera y no me atreví a llegar a donde estaba. No soy feliz en la ranchería, mucho me he acostumbrado a la ciudad, pero tampoco ella me acepta. Los rasgos de la tribu me delatan. En cualquier fiesta soy la indiecita.
Tengo confusión de sentimientos. Creo mía esta casa ajena y de mi Guajira indomable ni recuerdos tengo ya…”.
Esa horrible costumbre de alejarme de ti, Vicenta María Siosi Pino, escritora wayuu.

La organización social también se ha transformado. El claro tránsito de la vida rural comunitaria a la urbana ha generado el paso de la familia extensa a la nuclear. De igual forma, el establecimiento de relaciones de pareja con personas de otros grupos culturales ha empezado a reconocer la línea del padre y no la de la madre (matrilinealidad) como indicaría la tradición wayuu. Estos dos procesos imperceptibles de la cotidianidad impactan el sistema de parentesco y desorientan las coordenadas socioculturales: por ejemplo, los wayuu adultos hoy saben al clan que pertenecen, pero en los jóvenes y adultos jóvenes se complica, pues por registro y cédula de ciudadanía les figuran dos (a manera de apellido). Esto significa que pueden asumir que pertenecen tanto al ‘apellido’ del padre como al de la madre, como si formaran parte de dos clanes.

A esto se suma el cambio acelerado observado en jóvenes de núcleos familiares ligados a grupos al margen de la ley, quienes al irse han dejado comportamientos y valores distantes de los propios que, en algunos sectores de la península, han generado bandas y violencia.

El creciente nivel de conciencia cívica y política, estimuladas por lo consagrado en la Constitución de 1991 y la relación inequitativa con el Estado, ha dado lugar a que líderes intelectuales y comunitarios wayuu empiecen a empoderarse y hacer frente a las problemáticas como la corrupción y hacer ver que esta es causa de un fuego cruzado de egoísmos, hambruna y muerte lenta, de cuya responsabilidad no escapan sectores de la ‘dirigencia’ wayuu.

Parte de lo ocurrido comienza porque, al momento de definir la representación política y la autoridad para las comunidades, ha quedado en manos no de quienes reflejan, conocen la cultura y tienen méritos –respeto y prestigio–, sino de aquellos que responden a intereses políticos o económicos. En ese sentido, se negocian las asignaciones que desde el Estado se establecen para la población wayuu, en especial para los niños, permitiendo que los focos de corrupción continúen generando aun mayor desnutrición y detrimento en la población.

La dinámica y diversidad también se evidencian en el contraste tradición-innovación: hay wayuu tradicionales, hablantes de su lengua, con la oralidad como estrategia central de comunicación, con contenidos y formas literarias particulares. Otros, por el contrario, no hablan el wayuunaiki. Hay quienes practican ciertas concepciones sobre sanidad y enfermedad con base en plantas y ritos, contrario a aquellos que prefieren asistir a centros médicos occidentales; y hay quienes creen en la interpretación de los sueños, la práctica de ritos y aseguranzas para la protección espiritual, la existencia de entidades sobrenaturales encargadas de la protección y orientación de los wayuu; entidades que confunden a noctámbulos y caminantes (pülowi) o a pescadores (keeralia o fuegos fatuos) o a los seres que guían a los difuntos por jepira o camino de los indios muertos u otros que son escépticos. Aspectos relacionados con estos cambios y transformaciones han sido trabajados por María Margarita Pimienta Prieto, etnoeducadora y profesora wayuu.

Pese a esto, la determinación de gran parte de este pueblo por preservar sus tradiciones puede ser fundamental para garantizar su futuro.

Cerrejón, Tradiciones, wayuu

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