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Una historia a sorbos

El café ha estado presente en todas las etapas de la nacionalidad. Esta es la saga de un grano fundamental para Colombia.

Por Editorial
Bicentenario


Primero en exportación

Entre 1888 y 1891 el café representó el 34 por ciento de las exportaciones colombianas. Esta cifra se incrementó al 55 por ciento entre 1894 y 1897.

Fotografía: Archivo Semana.

Al parecer en 1723 los jesuitas comenzaron a sembrar el café en Santa Teresa de Tabage, y posiblemente lo trajeron desde las Antillas. Hay relatos de 1736 que hablan que ese producto exótico era cultivado en el seminario de Popayán. Pero solo en 1834 se empezó a sembrar de forma sistemática en los alrededores de Salazar de las Palmas o de Cúcuta (Norte de Santander). Al expandirse por esas montañas el grano reanimó las siembra de fique y la artesanía doméstica de costales, cuerdas y aperos de mulas, y comenzó a desempeñar un papel crucial en la historia del país.

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    Fotografía: Manera de subirse la cogedora a una especie de escalera hecha de un trozo de guadua, para facilitar el trabajo en los árboles muy desarrollados. Imagen del Manual del Cafetero Colombiano. Litografia Colombiana, Bogotá, junio de 1932.

  • Semillero

    La planta y su cultivo

    El cafeto o planta productora del café pertenece a la gran familia de las rubiáceas, que abarca 500 géneros y 8.000 especies, entre las que hay árboles, arbustos, pequeñas plantas y bejucos. El café ocupa gran parte del área cultivada del país.

     

    Fotografía: Imagen del “Manual del Cafetero Colombiano” Litografia Colombiana, Bogotá junio de 1932.

  • Descerezadora de discos

    Descerezadora

    El café abrió las puertas a la importación de maquinaria, semillas y la tecnificacion de la agricultura.

    Fotografía: Extraída del manual del cafetero y dedicada al pequeño empresario cafetero. Imprenta Nacional, Bogotá 1934.

  • Canalon

    La planta y su cultivo

    En el momento de la recogida, tres o cuatro años después de la siembra, solo se escogen los frutos (cerezas) más rojos. Para asegurar una madurez y una calidad uniformes se vuelve al mismo árbol muchas veces durante la época de cosecha. Después el proceso continúa: deben separarse las semillas (granos) de la pulpa, luego se dejan en vinagre, se lavan, se secan y se eliminan todas aquellas que no reúnan óptimas condiciones de tamaño y conservación. Se dice que las cuatro propiedades de un buen café son: ‘Negro como la noche, ardiente como el amor, suave como un beso y dulce como los labios de una mujer enamorada’.

    Fotografía: Canalón para lavar café

  • El Cultivo Del Cafeto

    Fotografía: “Parte Primera: Elección del Terreno” del libro. Tratado práctico sobre el cultivo del cafeto (1872). Francisco Ospina. Sala de Libros Raros y Manuscritos, Biblioteca Luis Ángel Arango.

  • Marcando los sacos de Café

    Crecimiento

    La participación de Colombia en el mercado mundial de café pasó de 27.000 sacos en los años 1855-1859 a 221.000 sacos en 1880-1884.

    Fotografía: Imagen del Manual del Cafetero Colombiano Litografia Colombiana, Bogotá junio de 1932.

  • Arrieros

    Colonización

    El cultivo de café permitió el impulso de la colonización hacia las tierras de vertiente, no solo en Antioquia sino también en Cauca, Tolima, Santander y Cundinamarca.

    Fotografía: Benjamín de la Calle, 1909. Centro de Memoria Visual, FAES.

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Las haciendas de Santander, Cundinamarca y Huila comenzaron a sembrar café, en los suelos volcánicos de las laderas de las tres cordilleras. Cientos de jornaleros llegaron a trabajar en ellas, quienes a su vez eran consumidores de tabaco y calillas. Como había que sacar el producto, la arriería reclutó a los hombres más vigorosos, y muchas haciendas y fincas también se dedicaron a criar equinos y mulares para las arrias que debían ir en busca de los vapores del Magdalena.

Plagas del Café. Imagen del Manual del Cafetero Colombiano Litografia Colombiana, Bogotá junio de 1932.

Las mujeres encontraron un lugar para ganar dinero al recoger y seleccionar café, al cocinar para los jornaleros o al coserles su ropa. A las riberas del río, batallones de leñadores, caletas y bogas servían las necesidades de los vapores y del movimiento de la carga. Estos, junto a los jornaleros, incorporaron el arroz, fríjol, huevos, entre otros productos a la dieta.

Después, cuando el cultivo del árbol se tomó el occidente, miles de hectáreas de selvas fueron abiertas, se tendieron casas, caminos y se abrió un nuevo país, con pueblos y ciudades. El comercio y la banca despegaron gracias a los capitales que movía el grano. Y la acumulación de dinero, especialmente en Medellín, Bucaramanga, Barranquilla, Cali y Bogotá, permitió que la industria pudiera despegar.

El ingreso de Colombia al grupo de los países productores de café, casi sin excepción monoexportadores del producto, fue relativamente tardío en América Latina. A comienzos del siglo XX las exportaciones colombianas eran apenas un modesto 1,5 por ciento del total de las exportaciones mundiales, aunque representaban el 10 por ciento de los llamados cafés suaves. Pero en la balanza comercial del último tercio del siglo XIX, el café fue clave. Salvó al país en 1870, al caer dramáticamente la producción y exportación de tabaco, y empezó a representar el 17 por ciento del valor de las exportaciones. A pesar de la crisis de precios que se inició en 1897, el valor del café ascendió al 40 por ciento de las exportaciones colombianas en ese año.

El crecimiento continuo de la producción de café desde 1910 se constituyó quizás en el fenómeno más decisivo en la historia económica contemporánea, pues permitió la modernización del país.

café, colonización

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